PERSONA 

Miguel Ángel García

Nació un año y pico después de que el hombre llegara a la luna, acontecimiento que seguramente no ha afectado en absoluto a su forma de ser. En estos momentos vive, come y sale de juerga en Madrid.

 Le han publicado algunos cuentos y poemas en revistas literarias de papel y de internet y ha aparecido en otra antología aparte de ésta. También ha escrito un par de novelas que reposan orondas en su cajón y un puñado de guiones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 POESÍA

 

LA HUIDA

 

Yo flotaba escondido

del paso de las noches, sin ella,

sin conciencia

más que en una barca lejana que se mueve y duele

verla mecerse sin que estar allí, sea la plenitud

sin respirar el viento de su proa,

la mágica forma de sufrir

por lo perdido, de gozar por lo perdido

de vivir cada instante sin un remordimiento,

un horizonte,

las lentas alas con que los pájaros

cogen el cielo que anochece.

 

Y una puerta al abismo, o a la luz.

 

Eran tardes gozosas, monumentales tardes

de oro entre los goznes

de los días. Eran ojos rotundos

nada olvidadizos,

y era océano sus lágrimas,

su dolor de gaviota empalada en la punta

del pasado, y no ver

su color,  su azul de mar redondo

su canción rellenando mis huesos de cristal.

Todas las cosas que sabían,

lo que hacía reposar el aire.

Un beso que no ha acabado nunca,

todo allí quedó.

 

La materia de los minutos,

seda sobre la frente febril

y sudorosa,

música de las cosas que duermen despiertas,

la entrada al paraíso por el pliegue

de la arruga recién acariciada,

y no era suficiente

algo en el tiempo, algo en la distancia

de esas nubes

algo en las pestañas de las demás mujeres,

en la forma de máscara

del canto a la verdad sin tono o melodía,

sólo ruido

y el adiós

y la huida.

 

 

 

EL FINAL DE UN AMOR FOU

 

Habité tu cuerpo destinado

a lastimarme, a amarte entre las rosas,

a espinas que se abren. En la losa

de tu peso de muerte hube bailado.

 

Elegiste el amor más desatado

y el dolor, y la herida más morbosa

y el suicidio de la memoria. Hermosa

fue aquella noche en que me vi postrado

 

como tu sangre de mi sangre era

anhelando presencia de tu vientre

al vicio o la pasión más animal,

 

al recuerdo de tus ojos cuando mueras

con mis manos en tu cuello adolescente

cuando tu grito anticipó el final.

 ©Miguel Angel García

Volver a Índice de Autores  

 

 

 

 

 

 

 

 

POÉTICA

No sabe si la poesía es una torre transparente o un arma cargada de futuro, un pañuelo, un pájaro, un dedo sin uña o una sonrisa (vertical, a ser posible) pero dice que es necesaria, aunque no sabe para qué, y que el resto como se suele decir, son palabras.