PERSONA

David González

Tiene publicados, entre otros, los siguientes libros de poemas:

 El Demonio te coma las orejas, editorial Crecida, Ayamonte, Huelva, 1997.

Ley de Vida, DVD ediciones, Barcelona, 1998.

Sparrings, Línea de Fuego, Ribadesella, Asturias, 2000.

Con los pies en elsuelo, Árbol de Poe, Málaga, 2001.

Sembrando hogueras, Bartleby Editores, Madrid, 2001.

Con los pies en el suelo, Árbol de Poe, Málaga, 2002.

 En Internet ha editado recientemente el libro Los Mundos Marginados, www.babab.com

 Su poemario El demonio te coma las orejas ha sido traducido al alemán. Dass dir der teufel die ohren auffrisst, Ediciones Ropynol, Bruderweg, Siegen, Germany, 2000.

 Ha sido incluido, entre otras, en las siguientes antologías poéticas:

Gijón Exprés, colección Máquina de Sueños, Ateneo Obrero de Gijón, Gijón, 1995.

Feroces, DVD ediciones, Barcelona, 1998.

Voces del extremo, Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 1999.

Voces del extremo: Poesía y conciencia, Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 2000.

Poesia Espanhola, Anos 90, Rélogio D`Água Editores, Lisboa, 2000.

Voces de Extremo: Poesía y conflicto, Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 2001.

Quinta del 63, Centro de estudios literarios y de arte de Castilla y León, Salamanca, 2001.   

 Colabora habitualmente en las revistas de literatura Lunula, Caminar Conociendo y La hamaca de lona, y en los fanzines Vinalia Trippers y Material de Desecho.

  Dirige la colección de poesía Zigurat, que edita el Ateneo Obrero de Gijón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 POESÍA

AUTOBIOGRAFÍA DEL INSOMNIO

 De niño,

si no cogía el sueño,

no contaba ovejas,

contaba las mentiras del día:

Han puesto una bomba

y los curas nos han mandado a todos para casa.

Pobre ciratura, dijo mi madre, y me dio dinero

para que fuese al quiosco

a gastarlo en lo que yo quisiera.

Después, llamó por teléfono al colegio…

 

De niño,

si no podía dormir,

no contaba mentiras,

contaba los automóviles

que circulaban por el techo de mi cuarto.

Mi padre fue de los primeros padres

del barrio en comprar coche.

Los domingos,

mis amigos empañaban con su aliento

el cristal de las ventanillas.

Yo solía encogerme en el asiento de atrás.

Me daba mucha vergüenza

que sus padres no tuvieran coche

y el mío sí.

 

Ya de mayor,

comencé a desvelarme

en los cimientos de edificios en obras,

bajo el pórtico de las iglesias

(antes de que pusieran verjas)

y en los calabozos de comisaría.

Y en una ocasión,

en una escuela abandonada,

encima de la mesa del profesor.

La misma escuela

en que había cursado los estudios

de educación. general. básica.

Pero la mayor parte de las noches

a la intemperie.

 Otros estaban peor. Dormían entre muertos.

Y cuando digo entre muertos, quiero decir entre muertos.

En los nichos vacíos del cementerio municipal.

 Otros,

no dormían. 

A noche de hoy, valoro algo más lo que tengo:

techo, cama, casa. Hogar.

A noche de hoy, duermo bien. Ahora ya solo me hace falta

 contar

 las noches

 por sueños.

©David González

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POÉTICA

Escribo para limpiarme por dentro.