MONOGRÁFICO RELATO HIPERBREVE
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Círculo Cultural Faroni Diez años después, toda la verdad y alguna leyenda
©Ilustración Mercedes Díaz
©José Ignacio Fernández Presidente del Círculo Cultural Faroni El
Círculo Cultural Faroni cumple 10 años. Como
bagaje literario, dos libros publicados con
Tusquets y unos archivos donde guarda tres mil
relatos hiperbreves. En esta institución de
las Letras casi todo tiene números: el primer
volumen se llamó Quince líneas,
los premios astronómicamente millonarios se
concedieron en la moneda de países en quiebra,
como 5 en dinares, 50 en marcos de Weimar o 10
en zaires, llegamos a premiar con 50.000
pesetas en libros y, en la ultima edición, el
galardonado se llevó 15 botellas de anís. Con
esta carta de presentación, ¿quién podría
fiarse de estos sujetos? El
Círculo nació en El Escorial, en el cafetín
Croché; no acudan al lugar en busca de
pruebas, ni los mismos dueños saben que fue
allí. Era el año 1992. El I Premio de Relatos
Hiperbreves se gestó en las Cuevas de Sésamo,
junto al JB que nos ponía Valeriano y los
dedos zigzagueantes del maestro de mandíbula
inquieta en el piano. Los incentivos en metálico
consistían en monedas devaluadas, procedentes
de un rastrillo de Bruselas; cada billete no
debería costar más de 100 francos belgas
(unas 400 pesetas), zaires, dinares... Gracias
al listín de teléfonos de Madrid, buscando
por la letra L, contacté con Luis Landero para
presentarle el Círculo. Le conté nuestra
aspiración: «hemos fundado el Círculo
Cultural Faroni, le envío Manifiesto y Fines».
La primera cita con él fue en la plaza de
Oriente, en el café del mismo nombre, junto al
vicepresidente y el jefe de protocolo. Reía
Landero cuando le propusimos nombrarlo
Ujier-Presidente de la institución. Fuimos esa
misma tarde a la Escuela de Arte Dramático,
donde impartía clases, y con él estuvimos
recorriendo los mundos invisibles de Italo, el
sótano de Borges, el profundo dolor de Kafka. Los
jueves nos reuníamos en una tertulia-cena en
la taberna La Cruzada; allí, encima de nuestra
mesa, había un baldosín de cerámica de
Talavera que decía: «En este rincón que
Arturo bendice, fábula con la venia de Luis
Landero el Círculo cultura Faroni». «Faroni
es la brisa mágica de un ideal de oro.» Cada
noche, muy cerca de nuestra mesa, el maestro
José Sacristán repasaba los papeles del día
con una faria y con una copita de Chichón. No
busquen la taberna, solo queda el nombre. Los
recuerdos, como el plato con la «F» y la
placa, desaparecieron en la ultima remodelación.
Quisimos celebrar y dar el premio de nuestro concurso un 28 de diciembre, en homenaje a los inocentes de la literatura. Dacio Gil, nuestro inspirador, era, al fin y al cabo, un discípulo tardío de otro gigante y gran inocente. Nos reunimos cantantes de ópera, cuentistas, rancheristas y, presidiendo el jurado, un cartel con tres matadores de toros: Gregorio Olías «Faroni», Luis Landero y Dacio Gil. Pasaron cuatro años, y fiestas, y relatos. Queríamos hacer un libro, autoeditado y pagado por nosotros; queríamos difundir, como editores, aquellas ficciones en estado de sueño. Ya estaba todo a punto. El destino me llevó a Barcelona y, con la carpeta donde guardaba los textos bajo el brazo, visité a la editora Beatriz de Moura y le deje nuestro testigo literario. A las pocas semanas decían que sí a la edición. Corría el año 1996. Cartas solicitando autorización a Buenos Aires, Vinaroz, La Habana y Nueva York; relatos de Bruselas, Yeste, Cartagena, Calera y Chozas… El
mundo en quince líneas. La portada fue obra
del hijo del tabernero de La Cruzada —Arturo
hijo, para entendernos—: un mayordomo
portando una bandeja con una bola del mundo; así
veía él nuestra quimera de servicio publico,
casi anticipándonos a la globalización.
Constituimos los premios «F» a los productos
o establecimientos recomendados por el Círculo:
azafrán Viuda e Hijos de Toledo, en la Mancha
profunda de Motilla del Palancar; anís
Machaquito, en la Córdoba de mis amores; el
Centro Cerámico de Talavera, infancia de
rodilleras y pasodobles; la taberna La Cruzada,
tantas noches de vino joven y croquetas de la
Toñi; la taberna Belmonte, de Valencia, con
retrato al carboncillo del maestro Olmo. En
el año 1997, el secretario lector crea la
pagina web del Círculo, allá por las lejanas
tierras de Geocities, en un leftbank/parís de
gratos recuerdos. Un navío con su bandera al
viento daba identidad a esta institución, y en
sus paginas recogíamos el manifiesto
fundacional, los fines, los textos, una biografía
de Landero y poco más. Un sitio confortable
para escribir. Nuestro prestigio fue creciendo, nos invitaban a Salones de Libros, conferencias, talleres de radio, revistas, emisoras. Nos escribieron a nombre del General Faroni, al Círculo Católico Faroni, al Gran Faroni, al Centro Óptico Faroni...; sin duda, direcciones tomadas al oído de la radio, o de un televisor en penumbra. Nos escribían amigos de todo los sitios. Querían montar delegaciones del Círculo en La Habana, en Buenos Aires, en Riopar (Albacete); escribían para que les instruyéramos en cómo hacerlo. Llamaban desde la Patagonia preguntando cuántos dólares eran cinco millones de zaires, o se interesaban por las obras de la sede social del Círculo, que alguno llegó a imaginar con columnas en la entrada y porteros con levita. Amigos,
buenísimos amigos en todo el país que se
alegran de nuestras llamadas cuando caemos de
visita por sus ciudades, citas a ciegas con
Faronis de Valencia, enmascarados tras una
careta que ponía: «Yo soy Faroni». Luther
Blisset, dicen los italianos, antes que el
jugador de fútbol, antes que el ideólogo
antiglobalización, antes que el perturbador y
agitador cultural de la red, antes que las
huelgas del arte, antes que lo miles de
ejemplares vendidos y astutamente
promocionados, antes… Quizás
un humilde oficinista sin ilusiones, sin
carisma, sin gancho, sin estímulo, había
llegado con su hipnótica verdad, y había
puesto el mundo en bandeja, arengando a su legión
de activistas imaginarios en el café de las
Letras, con la señorita Marilin, con lectores
de un lugar fantástico y triste, había
llegado con intención de dejarlo todo y
marchar como sólo lo hacen los héroes, en
generosa compañía, en abierta amistad, en
sincero desdén, en privilegio de amigo. Del
mismo modo que Juegos de la edad tardía,
la novela que inspiró este Círculo y a cuyo
creador, Luis Landero, le estaremos eternamente
agradecidos. Porque 10 años no son nada, queda
mucho por escribir y nosotros lo publicaremos.
Esta Galería de Hiperbreves es la
prueba. ©José
Ignacio Fernández Vázquez. 2002 Presidente del Círculo Cultura Faroni
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