MONOGRÁFICO RELATO HIPERBREVE

 

 

                                                                                                                                                                       

"El Baile de los Embusteros"

Hiperbreves Inéditos

 

©Ilustración Mercedes Díaz


Por

 ©Maria Ángeles Cabré



M.ª ÁNGELES CABRÉ (Barcelona, 1968) es licenciada en Filología Española por

la Universidad de Barcelona y Máster en Humanidades por la Universitat

Pompeu Fabra. Se dedica profesionalmente a la traducción de narrativa

italiana y a la crítica literaria, que en la actualidad ejerce desde las

páginas de "La Vanguardia". Traductora de los poetas Eugenio Montale -Satura

y Diario póstumo-, Gabriel Ferrater -Poesía completa- y Oscar Wilde -Poesía

completa-, de quien ha publicado una selección de aforismos bajo el título

Sobre el arte y el artista, es autora de varias novelas cortas inéditas. Ha

publicado ocho plaquettes de poesía, algunas de ellas escritas en catalán, y

una biografía de Gabriel Ferrater (Ediciones Omega, 2002)



"El Baile de los Embusteros"
 
Abandoné a una muchacha alemana que me quería con locura



-pero que se empeñaba en disimularlo-, por una francesa que gritaba a los



cuatro vientos que me amaba -aunque mentía como una bellaca-.



               Y ahora paseo por senderos de grava que no llevan a ninguna parte y me



detengo frente a ventanas que a nadie pertenecen.


Por razones que no vienen al caso, pero que tienen que ver con un episodio



de su infancia, se dejaría matar antes de sentarse de espaldas a una puerta



o ventana. Por eso ha elegido vivir siempre al aire libre, donde la amenaza puede



venir de cualquier parte.



 

 
               En las horas diurnas era un barrio periférico del paraíso. Pero cuando caía



la noche se convertía en un auténtico infierno. Así era el lugar donde nací



y donde crecí. Y por eso me marché.



               Ahora vivo en una de las manzanas privilegiadas de la capital del dinero y,



aunque me aburro soberanamente, en las noches de insomnio me queda el



consuelo de recordar aquel escenario de mi infancia, ambientado por la



sirena de la policía y el rechinar de los frenazos.




 
               Conocí a un novelista que cada vez que publicaba una novela se pasaba días



y días hablando de ella. Hasta que publicaba otra novela y empezaba a hablar



de esta última sin tregua, hasta que publicaba otra y así sucesivamente.



               Pasados los años, los críticos y sus escasos lectores no tardaron en



percatarse de que sus novelas se parecían demasiado unas a otras, en



definitiva, que se parecían demasiado a él mismo. Y era de esperar: desde



buen comienzo sus pocas ideas no salieron de los reducidos límites de su



cerebro y allí se cocieron hasta identificarse del todo.




 ©Maria Ángeles Cabré. 2002

 

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