MONOGRÁFICO RELATO HIPERBREVE
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"FRAGMENTOS" ©Ilustración Rodolfo Franco
©Angela Pradelli Ángela Pradelli . Vive en Buenos Aires (A). Es profesora de Letras, escritora y periodista. Ha publicado "Las cosas ocultas" (Ediciones del Dock) y cuentos y poesías de su autoría figuran en las antologías "La otra palabra, antología de cuentistas argentinas" (Editorial Biblos); "Concurso Nacional de Poesía Miguel Angel Bustos, Roberto Santoro, Francisco Urondo" (Ediciones Ultimo Reino); "Quince líneas" (Ediciones Tusquets) y "Nuevos cuentos, nuevos cuentistas" (Grupo Editor Latinoamericano). Por su obra literaria ha recibido distinciones en varios premios y concursos nacionales y extranjeros. Como periodista, colabora en el suplemento semanal Las 12, del diario Página/12, en la revista literaria Lea y colabora desde su fundación en la revista digital literaria española Literaturas.com Ha ganado el primer premio 2002 de la editorial Emece en Argentina por su novela "Amigas Mías".
Fragmentos 1-
Pasábamos los veranos en Río Negro. Esperábamos
todo el año que se terminaran esos meses
eternos de colegio en Buenos Aires para viajar
a la chacra de mis abuelos. Teníamos
permiso para todo, hasta nos dejaban nadar en
el canal a la hora de la siesta sin que nos
vigilaran los grandes. Cuando
empezaba a oscurecer mi abuela encendía un
farol en la cocina porque por esos años la
chacra no tenía luz eléctrica. Pero
la oscuridad iba metiéndose de a poco
en la casa. Entonces yo pegaba mi cuerpo a la ventana
desde donde se veía la ruta a lo lejos y
clavaba los ojos en los faros de los autos que
pasaban cada tanto. --------------------
2- A veces mi abuela me acompañaba al
canal a la hora de la siesta. Cruzábamos
despacio esa calle de tierra por donde nunca
pasaba ningún auto. Ella buscaba algún tronco
y se sentaba a esperarme. Decía que le gustaba
verme nadar y jugar en el agua. Dos filas
apretadas de álamos bordeaban el canal. Eran
altísimos y desde allí adentro podía verse
sus copas que bailoteaban en lo alto. También
podía sentirse el calor de algún rayo de sol
que inevitablemente se filtraba por entre sus
ramas y calentaba la brisa. Y
el murmullo de las hojas cuando el
viento las movía. ------------------------------ 3- Sé
que todos los sábados mi abuela mataba un
pollo para que comiéramos los domingos al
mediodía. La desplumaba bajo la pérgola y lo
dejaba colgado por unas horas allí mismo. Pero
no es así como lo recuerdo, sino como gallinas
y gallinas con el cogote retorcido moviendo las
patas con desesperación.
La sangre que goteaba en la tierra. El charco
que se iba formando con la mezcla del estiércol
y la sangre. ------------------ 4-
Mi abuela usaba
un camisón muy amplio y largo hasta los pies y
por las noches se soltaba siempre el rodete
tirante que llevaba en la nuca.
El pelo le llegaba hasta la cintura. Una
noche en la que yo no podía dormir, la encontré
afuera de la casa, bajo su pérgola de rosas.
Dormitaba en el sillón, casi desnuda. Sólo
llevaba unos calzones grandes y flojos. Tenía
los brazos apoyados en los costados del sillón
y las manos se dejaban caer. Una carne fláccida
y estriada le colgaba bajo la axila. Ya se
sabe, las noches son inmensas en el campo. Los
silencios. La recuerdo a mi abuela desnuda en
esa noche enorme. El pelo suelto. La cabeza
apenas reclinada hacia atrás y la boca
entreabierta que reproducía un silbido al
respirar. La blancura de su piel resurgía en
esa noche. Dormía serena y los pechos desnudos
le caían sobre el vientre hinchado. ©Angela
Pradelli 2002 Las minificciones anteriores forman parte de la novela Amigas mías, publicada por la editorial Emecé en Argentina. |