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TENDENCIAS
DEL MICRO-RELATO HISPANOAMERICANO (1960 - 2002)

©Ilustración
Rodolfo Franco
por
©Francisca
Noguerol
| Francisca Noguerol Jiménez
es Doctora en Filología Hispánica y
Profesora de Literatura Hispanoamericana en
la Universidad de Salamanca. Ha participado
en numerosos congresos nacionales e
internacionales y ha publicado artículos en
revistas especializadas sobre poesía
hispanoamericana (Pablo Neruda, Oliverio
Girondo, Pablo Antonio Cuadra), ensayo
hispanoamericano (Francisco Ayala, Rafael
Cansinos-Asséns), novela hispanoamericana
(Jorge Edwards, Rafael Arévalo Martínez),
cuento y minificción hispanoamericano
(Augusto Monterroso, Julio Cortázar, Juan
José Arreola, Guillermo Samperio). |
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El presente estudio pretende descubrir las
tendencias seguidas por el
micro-relato desde los años sesenta, momento
en que esta modalidad adquirió
carta de identidad -a pesar de contar con
reconocidos antecedentes
literarios- hasta nuestros días, cuando se
perfila como una de las
categorías genéricas más practicadas por los
narradores hispanoamericanos.
Debido a su brevedad (raras veces supera la página
de extensión), este tipo
de textos potencian al extremo las características
del relato tradicional.
De ahí que se diferencien del mismo por sus
tramas ambiguas, personajes
abocetados, lenguaje multívoco y finales
sorprendentes. Considerado hasta
hace poco carente de peso específico,
modesto en su intención o
extravagante en su forma, el micro-relato ha
sido cultivado sin embargo por
los nombres más importantes de la literatura
hispanoamericana de la segunda
mitad de siglo. La nómina de autores que lo
practican da idea de su
importancia, especialmente en países como México,
Venezuela, Colombia,
Argentina o Chile. Estos escritores observan un
"ars poetica" específica al
elaborar sus cuentos breves, con diversos
puntos que los vinculan entre sí y
que permiten hablar de un nuevo corpus
narrativo.
En las siguientes páginas pretendo demostrar cómo
los micro-relatos, que
comparten a lo largo de los años la fascinación
por los juegos
intertextuales, la utilización de cuadros
culturales reconocidos y los
juegos con el lenguaje, siguieron en principio
mayoritariamente la estela de
Borges y Cortázar a través de narraciones de
corte metaficcional y
neofantástico que cuestionaban los límites
entre literatura y realidad. En
los setenta y ochenta se produjo una vuelta a
los contenidos, manifiesta en
el frecuente reflejo literario de la
experiencia de la dictadura y el exilio
sufrida por muchos intelectuales en estas décadas.
Finalmente, en los
últimos tiempos percibimos su deuda con la estética
de la Posmodernidad a
través de textos que parodian las obras
convertidas en cánones culturales
por la generación anterior y, sobre todo, por
su incidencia en los márgenes,
en las periferias (sociales, sexuales y étnicas),
relegadas hasta ahora a un
segundo plano en la historia de la literatura.
En principio debemos tener en cuenta el
contexto histórico en que esta
evolución se desarrolla. La segunda mitad del
siglo XX se ha caracterizado
por ser una etapa de grandes convulsiones ideológicas
y sociales. Las
insurgencias estudiantiles del 68, paralelas en
Europa (Francia,
Checoslovaquia, Portugal) e Hispanoamérica (México),
defendieron la libertad
y la imaginación frente al sistema anterior.
Con el optimismo propio de la
juventud, muchos intelectuales consideraron la
revolución cubana como la
proyección ideal de la utopía marxista y el
fin de todos los problemas que
sufría el subcontinente si se extendía al
resto de los países
hispanoamericanos. Sin embargo, en los setenta
y ochenta el panorama
político cambió completamente. Los gobiernos
democráticos fueron derrocados
en bastantes naciones y se inició un período
de férreas dictaduras que
provocó la diáspora de muchos intelectuales.
En los noventa la situación
comenzó a normalizarse: los directorios
militares habían caído y algunos
escritores regresaron a sus países veinte años
después del comienzo de la
violencia. Su optimismo inicial había dado
paso a un escepticismo bastante
generalizado, producto de las experiencias
vividas y de las fisuras
descubiertas en el marxismo (especialmente
relevantes tras la caída del Muro
de Berlín y las noticias de la angustiosa
situación atravesada por el
régimen castrista). Puesto que las grandes
utopías políticas han fracasado,
los autores actualmente se inclinan a defender
causas más concretas. Este
hecho explica el interés de los últimos años
por la ecología, las
operaciones de solidaridad dirigidas a metas
específicas, o por aquellos
sectores relegados hasta ahora en la sociedad
por razones de género (mujeres
y homosexuales), económicas (indigentes) o étnicas
(minorías raciales).
De este modo, se entiende que en los años
sesenta el micro-relato
privilegiara los juegos metaficcionales y la
neofantasía, sin relación con
su realidad inmediata, para volver
posteriormente a los contenidos en las
dos décadas siguientes, con textos de denuncia
política, y defender
finalmente el discurso de los márgenes.
LA ESTELA DE BORGES Y
CORTÁZAR
"Metafiction" fue el término que
propuso el escritor William H. Gass para
aludir a la ficción que hace referencia a la
propia ficción. Los textos
metaficcionales, denominados "invenciones
de segundo grado" por Roland
Barthes (Barthes: 91-95), reflexionan sobre los
principios informadores de
la existencia. Mantienen una tesis con diversas
variantes, según se incida
en el aspecto filosófico o literario de la
misma: el mundo es un sueño
soñado por un creador desaprensivo, loco o
inexistente, cuyos designios
desconocemos. Al crear un personaje de ficción,
el escritor se describe a sí
mismo como una criatura azarosa, consecuencia
de los designios arbitrarios
de una divinidad desconocida. La intensidad que
alcanzan los textos viene
dada porque, en un momento de la lectura, la
trama destruye la visión del
mundo del receptor para crear una imagen nueva
de éste. Se produce una
"apertura en abismo" que enriquece la
significación del relato con nuevos
planteamientos, una momentánea desarticulación
de la estructura y la
reconstrucción inmediata de la misma a partir
de la nueva experiencia.
El
lector debe recapitular lo ya leído para
conferirle un significado
diferente. La noción de tiempo se diluye al
establecerse una visión
retrospectiva sobre el pasado y una prospectiva
sobre el futuro. En
consecuencia, el interés anecdótico del
discurso disminuye, pues éste se
universaliza y es lanzado a una enorme
profundidad. La topología, rama de
las matemáticas que estudia la capacidad de
transformación de las
superficies geométricas, ha demostrado que
existen fenómenos físicos en los
que desaparecen las fronteras entre el interior
y el exterior de los
cuerpos. Estos fenómenos, conocidos como
"cinta de Möbius" y "botella de
Klein", han sido adoptados como símbolos
de la metaficción narrativa. La
cinta de Möbius, figura descubierta por el
astrónomo y matemático August
Ferdinand Möbius, consiste en una banda a la
que se da media vuelta en uno
de sus extremos, que luego se junta con el
otro. El espacio obtenido tiene
una sola cara, pudiendo pasarse de un extremo a
otro del mismo sin cruzar
ninguna frontera. Las ficciones metafísicas
presentan los rasgos de una
cinta de Möbius, pues en ellas no existe límite
entre ficción y realidad. De
ahí que algunos autores anglosajones hayan
tomado esta figura como símbolo
de sus textos en abismo. Es el caso del
norteamericano John Barth en su
relato "Frame-Tale" (1968: 125) o del
inglés Gabriel Josipovici y su cuento
"Mobius the Stripper: A Topological
Exercise", que da título a la colección
homónima (1974: 82-84). La botella de Klein es
el segundo cuerpo que
simboliza la metaficción literaria. Inventada
por Félix Klein, está
constituida por una superficie de un solo lado,
por lo que es posible
moverse del interior al exterior de la misma
sin cruzar ninguna frontera.
Se
la puede imaginar como una botella en cuyo
fondo abombado se ha abierto un
agujero circular, y cuyo cuello, tras estirarlo
y curvarlo, es llevado a
través de la pared de la botella hasta ponerlo
en contacto con la abertura
del fondo, soldándolo a ésta. Las paradojas a
que lleva esta figura en su
relación con el texto han sido utilizadas por
el mexicano Juan José Arreola
(1952) y el argentino Enrique Anderson Imbert
(1975) en relatos homónimos.
Según Linda Hutcheon, la autorreferencialidad
de la ficción -o, lo que es
lo mismo, el "narcisismo" de la
escritura que refleja su propio proceso de
creación- constituye un elemento característico
de la vertiente estética de
la Posmodernidad (Hutcheon: 38). Siguiendo este
pensamiento podemos
descubrir en los sesenta una primera característica
posmoderna en el
micro-relato, ya que se trata de un discurso
que privilegia por encima de
otras la trama metaficcional. Pero como ya
hemos apuntado, este rasgo no se
circunscribe solamente a la categoría que
analizamos, sino que es general en
la literatura de los sesenta. Buena prueba de
ello son las novelas de
Elizondo (Farabeuf, El hipogeo secreto) o de
Sarduy (Cobra), textos que
incluyen las paradigmáticas frases
"Escribo que escribo que escribo..."
(Elizondo) o "Notas a las Notas a las
notas..." (Sarduy).
En
el campo del micro-relato los autores siguen la
estela de un minicuento chino incluido
por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y
Silvina Ocampo en su famosa
Antología de la literatura fantástica: se
trata del cuento de Chuang-Tzu, el
hombre que soñó ser una mariposa y cuando
despertó no sabía si era este
animal o un ser humano. Este brevísimo texto
despertó la imaginación del
salvadoreño Alvaro Menén Desleal (seudónimo
de Alvaro Menéndez Leal), quien
inicia su micro-relato "El cocodrilo"
con una alusión a su fuente de
inspiración: "Hubo una vez un gran
erudito, que se llamaba Chuang Tse. Iba a
la escuela de Lao-Tse. Un día se durmió y soñó
que era una mariposa que
aleteaba entre los árboles y las flores del
jardín... ("Kin-Ku K'i-Kuan",
publicado en la era de los Ming)" (Menén:
29). Menén elabora textos breves
de naturaleza metafísica y resonancias
orientales en donde cuestiona los
límites entre el sueño y la realidad. Así se
aprecia en "El venado y el
sueño", "El último sueño",
"El sueño soñado", "El cuento
soñado" o "El
cocodrilo", que transcribimos a continuación
porque refleja perfectamente
los rasgos de la metaficción:
Acabo de despertar de un sueño, y me palpo y
me observo atentamente para
ver si soy yo. Porque en el sueño no era yo;
en el sueño yo era un
cocodrilo, un largo y oscuro cocodrilo plácidamente
recostado en el fango de
la ribera, bajo un sol que quemaba todo, menos
mis gruesas escamas dorsales.
De cuando en cuando bostezaba, y al bostezar
abría las fauces
inconmensurables en que los dientes agudos,
prontos al crimen, formaban
filas como soldados en parada. Era un
cocodrilo, y en el sueño ya no sabía
que era yo el que soñaba.
De pronto desperté y fui de nuevo yo, como
antes de soñar. Pero ahora que
me palpo y observo atentamente, no sé si fui
yo el que en el sueño era un
cocodrilo, o si es un cocodrilo el que sueña
que soy yo (Menén: 29).
El guatemalteco Augusto Monterroso revisa la
puesta en abismo en su texto
de 1969 "La cucaracha soñadora",
micro-relato de ritmo vertiginoso donde se
conjuga la referencia a las infinitas
postergaciones kafkianas con el
homenaje a La metamorfosis del checo:
Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio
Samsa que soñaba que era una
Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que
era un escritor que escribía
acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa
que soñaba que era una
Cucaracha (Monterroso 1983: 49).
En años posteriores la narrativa metaficcional
sigue cultivándose de la
mano de autores como el venezolano Gabriel Jiménez
Emán, que la convierte en
constante de sus libros de micro-relatos Los
dientes de Raquel y Los 1001
cuentos de 1 línea. Asimismo, el guatemalteco
René Leiva realiza una lírica
versión del tema en "El cabo de un sueño",
donde el protagonista descubre su
naturaleza ficticia frente al paradójico carácter
real de la mujer soñada:
No podría dar una descripción exacta de ella
porque apenas veo su silueta,
su sombra quebrada y algún destello del
cabello. Nunca recuerdo la hora,
pero el cielo está encapotado y hay poca gente
en la calle. Con mi corazón
enfermo, no quiero hacer ninguna conjetura.
Pocas veces me atrevo a volver
la cabeza, pero me llama mucho la atención los
dibujos del balcón de una
ventana exageradamente alta; parecen caracteres
árabes o sánscritos. Cuando
empiezan a sonar las campanas, mi primer
impulso es tratar de despertarla
pero no puedo: ella intenta atar los cabos de
su sueño. Yo sólo soy uno de
ellos (Leiva: 92).
Cerramos este capítulo con "Penélope
escribe a Ulises", microtexto del
también guatemalteco Francisco Nájera que
sintetiza las características de
la ficción metafísica. En la trama se
evidencia la estrecha relación entre
arte y vida con la utilización de La Odisea
como hipotexto. Ulises, cansado
de sus viajes y aventuras, regresa a casa para
descubrir con horror que ya
sólo es un recuerdo ficticio en las cartas de
su esposa Penélope. Atrapado
entre el sueño y la realidad, jamás podrá
volver a Itaca porque ha perdido
su carnadura humana:
Después de tantos años de aventuras, Ulises
retorna a Itaca, avanza hacia
su casa en la noche, se asoma por una ventana
al interior y ve a Penélope,
que sentada a la mesa escribe.
Sigilosamente espía las letras que toman forma
sobre el papel iluminado
por la luz amarilla de una vela, y lee:
"Después de tantos años de
aventuras, Ulises retorna a Itaca..." (Nájera:
43).
LA VUELTA A LOS
CONTENIDOS
En los años setenta y ochenta se produce un
generalizado regreso a los
contenidos por el cansancio que han provocado
los textos metaficcionales,
agotados en sí mismos e incomprensibles para
una mayoría de lectores. Se
llega así, en palabras de John Barth, a una
nueva "literature of
replenishment". En este momento podemos
distinguir dos tendencias literarias
predominantes. Algunos autores realizan una
literatura comprometida,
testimoniando el clima de violencia que
vivieron en estos años y las
secuelas de esta situación en sus vidas
(exilio, tortura, censura...).
Frente a ellos, otros escritores se muestran
proclives a practicar una
literatura de trasfondo escéptico, que
describe la experiencia cotidiana por
encima de cualquier toma de postura política.
A la primera corriente se adscriben
mayoritariamente escritores procedentes
de Chile, Uruguay, Argentina, El Salvador,
Nicaragua, Cuba o Guatemala,
países que han sufrido una durísima represión
gubernamental. En "Golpe", la
chilena Pía Barrios logra en pocas líneas una
terrible y sutil crítica
contra el clima de terror provocado por
Pinochet en 1973:
GOLPE
-Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe?.
Algo que duele muchísimo y deja amorotado el
lugar donde te dio.
El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el
país que le cupo en la mirada
tenía un tinte violáceo (Barros: 39).
"Retrato de una dama", del también
chileno José Leandro Urbina, refleja el
horror de la tortura:
Para Valentina
A
la luz del amanecer, filtrándose tímida por
la ventana, se compuso con
esmero el vestido. Una de sus uñas limpió a
las otras. Untó la yema de los
dedos con saliva y alisó sus cejas. Cuando
terminaba de ordenarse el cabello
escuchó a los carceleros venir por el pasillo.
Frente a la sala de interrogatorios, recordando
el dolor, le temblaron los
muslos. Después la encapucharon y cruzó la
puerta. Allí dentro estaba la
misma voz del día anterior. Los mismos pasos
del día anterior se aproximaron
a la silla trayendo la voz, húmeda, hasta
pegarla a su oído.
-¿En qué estábamos ayer, señorita Jiménez?
-En que usted debe recordar que está tratando
con una dama, dijo ella.
Un golpe le cruzó la cara. Sintió que se
desgarraba la mandíbula.
-¿En qué estábamos, señorita Jiménez?
En que usted debería recordar que está
tratando con una dama, dijo ella
(Urbina: 15).
Jaime Valdivieso, de nuevo un autor chileno,
denuncia en "El
graznido" el
clima de violencia generado por el sistema
policiaco:
El muchacho, como era su costumbre últimamente,
mordió un pedazo de pan,
concentrado y adusto, mirando fijo uno de los pétalos
de las flores de
plástico en el centro de la mesa.
Ese día, como era habitual, su padre tiró el
quepis sobre uno de los
sillones y, antes de sentarse, dijo refregándose
las manos: "Una vez más
tuvo que cantar: a ésta la hice graznar como a
un pato".
Pero no alcanzó a beberse el primer vaso de
vino, luego de sonreír a su
mujer y a su pequeña hija: el largo y filudo
cuchillo le atravesó la
garganta, al mismo tiempo que el muchacho
graznaba como un pato (Valdivieso:
24).
Finalmente, la denuncia política queda
tamizada por las implicaciones
eróticas y cómicas en "Toque de
queda" de Omar Lara:
TOQUE DE QUEDA
-Quédate, le dije.
Y la toqué! (Lara: 61).
Los autores de la segunda tendencia practican
una literatura escéptica,
negadora de los principios de la Modernidad. Se
engloban en un nuevo marco
ideológico caracterizado por la disolución de
normas estéticas clásicas, y,
específicamente, por la eliminación del
concepto de decoro. Sus textos se
adecuan a las características de la obra
posmoderna, pues en ellos se
observan los rasgos de carnavalización,
parodia y “pastiche”, participación
del lector, pluralismo, utilización de la
cultura de masas, ruptura de
límites entre los géneros literarios,
virtuosismo intertextual y saber
enciclopédico propias de este nuevo
pensamiento. Jorge Ruffinelli destaca en
su artículo "Los 80: ¿ingreso a la
posmodernidad?" cómo en esta década se
pulverizaron las nociones de centro, orden y
jerarquía, iniciándose un nuevo
trabajo sobre los márgenes, que desde este
momento pasan a ocupar un lugar
central. Asimismo, se cultivó especialmente el
pastiche, que niega el
individualismo y la originalidad (Ruffinelli:
37). En esta línea el escritor
Antonio Skármeta pronunció en 1981 lo que
podríamos entender como un
manifiesto generacional, distanciándose de los
creadores del Boom para
proponer una práctica literaria más espontánea,
menos consciente de su
importancia en el mundo:
La realidad se acaba, en última instancia,
ante nuestras narices. Creo que
caracteriza a nuestra generación -vía
infrarrealismo, arte pop, trato activo
con la realidad política latinoamericana,
universalización de la aldea por
el boom de las comunicaciones- la convivencia
plena con la realidad,
absteniéndose de desintegrarla para
reformularla en una significación supra
real. En este sentido, nuestra actitud
primordial es intrascendente. No se
nos ocurriría nunca, por ejemplo, la
absolutización de un sistema alegórico
donde el grotesco degrada la realidad, como en
Donoso, ni la iluminación de
la historia en la hipérbole mítica de García
Márquez, ni la refundación
literaria de América Latina como en el
"realismo mágico" de Carpentier. Por
el contrario, ellos se distancian abarcadores,
nosotros nos acercamos a la
cotidianidad con la obsesión de un miope (Skármeta:
273)
Mempo Giardinelli subraya estas ideas en
"Un retorno a la espontaneidad":
La demagogia populista de izquierda, el
disimulado romanticismo, la
fantasía y la exuberancia for-export, el
escepticismo idealista, el
moralismo solapado y las pretensiones
ideologicistas de la generación
anterior, incluido el llamado boom, hoy
empiezan a ser materiales en desuso
(Giardinelli: 23).
Los modelos literarios de los años sesenta son
revisados en pastiches y
parodias que aúnan el homenaje y la burla de
la tradición. Como la novela de
Skármeta Match Ball (1989) resulta una versión
posmoderna de la Lolita de
Nabokov, el micro-relato del guatemalteco Max
Araujo "El conferencista de
cien quetzales la hora" se basa en El túnel
de Sábato, un clásico de las
letras hispanoamericanas del siglo XX:
Los motivos por los que maté a María son
demasiado conocidos y no vale la
pena repetirlos: ya un tal Ernesto Sábato
escribió una novela dedicada a ese
hecho. Cuando cometí el crimen era un pintor
desconocido, ahora soy famoso,
se me invita a dictar conferencias de
criminología en las facultades de
derecho de las más prestigiosas universidades,
soy millonario, mis pinturas
se exhiben en los mejores museos del mundo,
tengo tres secretarias
particulares que se encargan de mi
correspondencia, un club de admiradoras
(ustedes entienden lo que hago con ellas), en
fin todo lo que un hombre de
éxito posee. Cuando se triunfa, los amigos, el
dinero y el amor vienen en
seguida por su propia cuenta. Sí, también el
amor, qué les extraña, que he
cambiado mi pensamiento, puede ser, aunque la
verdad es que no sucedió
exactamente como en la novela. Las historias de
amor son como los procesos
judiciales, siempre han sido manipuladas por
motivos económicos o de otra
índole, si no que lo digan ahora los suecos
que han dado nuevas versiones de
la Cenicienta y de Blanca Nieves. En conclusión,
la cosa es saber aprovechar
las oportunidades. A estas alturas me doy el
lujo de hablar de lo que
quiera, que para eso me pagan, puedo
desmitificar el amor, o decir que nadie
como yo ha presentado en sus aspectos más íntimos
y reales el proceso mental
del enamoramiento, o bien terminar este
discurso diciendo como mi amigo
Cardenal que la que más perdiste fuiste tú,
porque yo amaré a otras, pero a
ti nadie te amará como te amé yo (Araujo:
15-16).
Los héroes de la cultura contemporánea,
procedentes del cine, el cómic y la
televisión, medios hasta ahora despreciados
por la alta cultura, también
tienen cabida en el cuento brevísimo. Así se
aprecia en el bello homenaje
que el chileno Germán Arestizábal realiza a
la película de Josef Von
Sternberg El ángel azul:
ÁNGEL AZUL ESCENA
CUALQUIERA
Voy tras el farol de una bicicleta, rojo como
un cigarrillo. Ladran los
perros como un fantasma.
La luna estira sus piernas sobre la hamaca. Encamino
mis pasos hacia el
"Angel Azul" por entre la bruma del
puerto. El recinto es una nube de humo
azul, azul es el vestido de LOLA y negras son
sus medias y portaligas que
muestran el muslo-estandarte de los años 30,
el sexismo de ese tiempo, el
cuerpo echado hacia atrás sosteniendo con
ambas manos su rodilla, el
sombrero Mandrake brillando bajo los
reflectores y ocultando a las sombras
como en las penumbras del cine, las burlonas
risas y comentarios de los
odiosos alumnos, jóvenes y sanos con sus
jarras de cerveza observando al
semicalvo y barbudo profesor acalorado y muerto
de vergüenza, con los
anteojos empañados, embelesado ante la imagen
de aquella voz expresionista
de Lola cantando: "Los hombres vuelan a
mi alrededor como polillas, se
acercan peligrosamente como a un farol hasta
quemar las alas, pero qué puedo
hacer yo para evitarlo" (Arestizábal
1987: 35).
o en la poética recreación que del tango
"Garúa" hace el uruguayo Eduardo
Galeano:
GARÚA
Había sido la última oportunidad.
Ahora lo sabía. De todos modos, pensó,
hubiera podido ahorrarme la humillación de la
llamada y el último diálogo,
diálogo de mudos, en la mesa del café. Sentía
en la boca un sabor a moneda
vieja y piel adentro una sensación de cosa
rota. No sólo a la altura del
pecho, no: en todo el cuerpo; como si las vísceras
se le hubieran adelantado
a morir antes que la conciencia lo hubiera
resuelto. Sin duda, tenía todavía
muchas gracias que dar, a mucha gente, pero se
le importaba un carajo. La
garúa lo mojaba con suavidad, le mojaba los
labios, y él hubiera preferido
que la garúa no lo tocara de aquella manera
tan conocida. Iba bajando hacia
la playa y después se hundió lentamente en el
mar sin sacarse siquiera las
manos de los bolsillos, y todo el tiempo
lamentaba que la garúa se pareciera
tanto a la mujer que él había amado y que había
inventado, y también
lamentaba entrar en la muerte con el rostro de
ella abarcando la totalidad
de la memoria de su paso por la tierra: el
rostro de ella con el pequeño
tajo en el mentón y aquel deseo de invasión
en los ojos (Galeano: 41).
Por tanto, en los años ochenta se supera el
paradigma de la literatura que
pretendía ofrecer una expresión sincrética
de "lo hispanoamericano". Se
comprende el carácter múltiple de la
identidad hispanoamericana, por lo que
se considera absurdo el deseo de ofrecer imágenes
globales, sin fisuras. De
ahí que en esta década, y hasta nuestros días,
haya predominado el discurso
de los márgenes, del que ofrecemos algunos
ejemplos.
Los individuos pertenecientes a etnias
secularmente oprimidas han adquirido
un desusado protagonismo en textos documentales
como el testimonio con visos
novelescos Yo me llamo Rigoberta Menchú. En la
categoría del micro-relato
podemos apreciar una temprana crítica al
eurocentrismo en "El eclipse" de
Monterroso, que ya en 1959 refleja la
preocupación social de su autor:
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió
perdido aceptó que ya nada podría
salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había
apresado, implacable y
definitiva. Ante su ignorancia topográfica se
sentó con tranquilidad a
esperar la muerte (...).
Al despertar se encontró rodeado por un grupo
de indígenas de rostro
impasible que se disponía a sacrificarlo ante
un altar (...). Tres años en
el país le habían conferido un mediano
dominio de las lenguas nativas. (...)
Entonces floreció en él una idea que tuvo por
digna de su talento y de su
cultura universal y de su arduo conocimiento de
Aristóteles. Recordó que
para ese día se esperaba un eclipse total de
sol. Y dispuso, en lo más
íntimo, valerse de aquel conocimiento para
engañar a sus opresores y salvar
la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el
sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé
sorprendió la incredulidad
en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño
consejo, y esperó confiado, no
sin cierto desdén.
Dos horas después, el corazón de fray
Bartolomé Arrazola chorreaba su
sangre vehemente sobre la piedra de los
sacrificios (brillante bajo la opaca
luz de un sol eclipsado), mientras uno de los
indígenas recitaba sin ninguna
inflexión de voz, sin prisa, una por una, las
infinitas fechas en que se
producirían eclipses solares y lunares, que
los astrónomos de la comunidad
maya habían previsto y anotado en sus códices
sin la valiosa ayuda de
Aristóteles (Monterroso 1981: 55-56).
De los textos que conforman el Nuevo catecismo
para indios remisos, del
mexicano Carlos Monsiváis, transcribimos
"Las dudas del predicador",
verdadero "tour de force" con la
palabra en el que el autor muestra con
habilidad la otra cara de la colonización:
LAS DUDAS DEL
PREDICADOR
Enmienda tú, arcángel San Miguel,
apóstol de las intercesiones sin
lisonjas, enmienda tú a estos naturales y
nativos, y extírpales las
influencias perversas, y el ánimo de
transformar los templos en tanguis
indecentes, y borra de ellos las
supersticiones, y elimina con ira a sus
falsos reyes, sus abominaciones y blasfemias,
sus monstruos que paren
ancianos a los catorce meses, y sus iguanas que
hablan con las reliquias
como si éstas tuvieran don de lenguas.
Varón inmaculado, santo arcángel, castiga a
los nativos, cortos de manos y
restringidos de piernas, quebrantados y
confusos. Haz que sepan de tu
aborrecimiento y tu justicia. Que sus arroyos
se tornen polvo abyecto, sus
perros amanezcan desdentados, su falsa
mansedumbre se vuelva azufre y sus
cánticos sean peces ardientes sobre su
miseria. Pasa sobre sus dioses
escondidos cordel de destrucción y que en
vientre de las indias mudas aniden
humo y asolamiento.
Porque, enviado con alas, éste tu siervo ha
vivido entre nativos muchos
años, exhortando y convirtiendo a quienes no
quieren distinguir ya entre la
verdadera religión y las idolatrías
nauseabundas, entre el pecado y el
respeto a la Ley. Castígalos, Miguel, y devuélveme
mi recto entendimiento,
para que ya no sufra, y abandone los tenebrosos
cultos de medianoche y nunca
más le ruegue, pleno de confusión y de
locura, a Tonantzin, Nuestra Madre...
de la que inútilmente abominan los hombres
barbados que con espada y fuego
instalaron sus dioses en nuestros altares,
creyendo, pobres tontos, que
hemos de abandonarla algún día, a ella,
nuestra diosa de la falda de
serpientes (Monsiváis: 17).
El puertorriqueño José Luis González recurre
al micro-relato con formato
epistolar para describir la marginación y
pobreza de los emigrantes hispanos
en Estados Unidos. Utilizando un recurso muy
frecuente en la última
literatura, recupera el discurso de un hombre
semianalfabeto:
San Juan, Puerto Rico
8 de marzo de 1947
Querida vieja:
Como yo le desia antes de venirme, aquí las
cosas me van vién. Desde que
llegué enseguida incontré trabajo. Me pagan 8
pesos la semana y con eso vivo
como don Pepe el administradol de la central
allá.
La ropa aqella que quedé de mandale, no la he
podido compral pues quiero
buscarla en una de las tiendas mejores. Dígale
a Petra que cuando valla por
casa le boy a llevar un regalito al nene de
ella.
Boy a ver si me saco un retrato un dia de estos
para mandálselo a uste.
El otro día vi a Felo el hijo de la comai María.
El esta travajando pero
gana menos que yo.
Bueno recueldese de escrivirme y contarme todo
lo que pasa por alla.
Su ijo que la quiere y le pide la bendisión.
Juan
Después de firmar, dobló cuidadosamente el
papel ajado y lleno de borrones
y se lo guardó en el bolsillo de la camisa.
Caminó hasta la estación de
correos más próxima, y al llegar se echó la
gorra raída sobre la frente y se
acuclilló en el umbral de una de las puertas.
Dobló la mano izquierda,
fingiéndose manco, y extendió la derecha con
la palma hacia arriba.
Cuando reunió los cuatro centavos necesarios,
compró el sobre y los sellos
y despachó la carta (González: 69).
La narrativa escrita por mujeres se perfila
como una de las principales
corrientes en la literatura de los últimos años.
El discurso masculino es
cuestionado por una literatura que rebasa los
modelos anteriores. En el
campo del micro-relato se aprecia este
protagonismo femenino tanto por la
cantidad de autoras que cultivan esta modalidad
como por la calidad de sus
creaciones. La argentina Luisa Valenzuela, que
escribe con frecuencia
cuentos breves, descubre los nuevos postulados
estéticos al ironizar sobre
los roles eróticos tradicionales en
"La cosa":
Él, que pasaremos a llamar el sujeto, y quien
estas líneas escribe
(perteneciente al sexo femenino) que como es
natural llamaremos el objeto,
se encontraron una noche cualquiera y así
empezó la cosa. (...) Fue ella un
objeto que no objetó para nada, hay que
reconocerlo, hasta el punto que
pocas horas más tarde estaba en la horizontal
permitiendo que la metáfora se
hiciera carne en ella. Carne dentro de su
carne, lo de siempre.
La cosa empezó a funcionar con el movimiento
de vaivén del sujeto que era
de lo más proclive. El objeto asumió de
inmediato -casi instantáneamente- la
inobjetable actitud mal llamada pasiva que
resulta ser de lo más activa,
recibiente. Deslizamiento de sujeto y objeto en
el mismo sentido,
confundidos si se nos permite la paradoja
(Valenzuela 1980: 129).
El divertido micro-relato "Visión de
reojo", de la misma escritora,
invierte los papeles tradicionales en la
sorprendente "vuelta de tuerca" de
su final:
VISIÓN DE REOJO
La verdá, la verdá, me plantó la
mano en el culo y yo estaba ya a punto de
pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó
frente a una iglesia y lo vi
persignarse. Buen muchacho después de todo, me
dije. Quizá no lo esté
haciendo a propósito o quizá su mano derecha
ignore lo que su izquierda hace
o. Traté de correrme al interior del coche
-porque una cosa es justificar y
otra muy distinta es dejarse manosear- pero
cada vez subían más pasajeros y
no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron
para que él meta mejor la mano
y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. El
también. Pasamos frente a otra
iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la
mano a la cara sólo para secarse
el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome
la disimulada, no fuera a
creer que me estaba gustando. Imposible
correrme y eso que me sacudía.
Decidí entonces tomarme la revancha y a mi
vez le planté la mano en el culo
a él. Pocas cuadras después una oleada de
gente me sacó de su lado a
empujones. Los que bajaban me arrancaron del
colectivo y ahora lamento
haberlo perdido así de golpe porque en su
billetera sólo había 7.400 pesos
de los viejos y más hubiera podido sacarle en
un encuentro a solas. Parecía
cariñoso. Y muy desprendido (Valenzuela 1975:
45).
En esta línea se encuentra un conjunto de
textos de su compatriota Ana
María Shua que, en el libro de micro-relatos
Casa de geishas (1992) y bajo
el epígrafe "Versiones", revisa
algunos conocidos cuentos de hadas para
ofrecer una lectura lúdica, fresca y rebelde
de los mismos. Estas páginas
recuperan los personajes de Cenicienta,
Blancanieves, la princesa y el sapo
o el héroe y el dragón. La reescritura de los
cuentos es practicada por Shua
siguiendo criterios muy diferentes; sin
embargo, todas las técnicas
contribuyen a desacralizar las historias. Es
frecuente la denuncia de que
los seres maravillosos no tienen cabida en los
prosaicos tiempos modernos:
Si una princesa besa a un sapo y el sapo no se
transforma en príncipe, no
nos apresuremos a descartar al sapo. Los príncipes
encantados son raros,
pero tampoco abundan las auténticas princesas
(Shua 87).
La sátira de nuestra época se extiende a
"Doncella y
Unicornio I", que
adquiere calidades de poema en prosa:
Hay quienes suponen agotado el tema del
unicornio y la doncella por
extinción de ambas especies. Sin embargo, el
diario de hoy publica la
fotografía de un caballo con un manchón
sanguinolento sobre la frente. El
animal asegura haber sido, hasta pocas horas
antes de la toma, una auténtica
doncella (Shua 61).
Las relaciones intertextuales se hacen
especialmente evidentes en las
variaciones de Cenicienta. En la primera
relectura, la pasividad de la
heroína -que tan buenos frutos le dio en el
relato tradicional- se ve
defraudada por los gustos feticíhistas del príncipe:
A las doce en punto pierde en la escalinata del
palacio su zapatito de
cristal. Pasa la noche en inquieta duermevela y
retoma por la mañana sus
fatigosos quehaceres mientras espera a los
enviados reales. (Príncipe
fetichista, espera vana) (Shua 74).
Los tiempos han cambiado y ya no hay lugar para
los cuentos de hadas:
Desde la buena fortuna de aquella Cenicienta,
después de cada fiesta la
servidumbre se agota en las escalinatas
barriendo una atroz cantidad de
calzado femenino, y ni siquiera dos del mismo
par para poder aprovecharlos
(Shua 75).
"Cenicienta III", quizás la más escéptica
de las versiones, denuncia cómo
el dinero acaba con los valores pretendidamente
absolutos, modificando la
belleza, comprando el amor y permitiendo la
reescritura de la historia:
Advertidas por sus lecturas, las hermanastras
de Cenicienta logran
modificar, mediante costosas intervenciones, el
tamaño de sus pies, mucho
antes de asistir al famoso baile. Habiendo tres
mujeres a las que calza
perfectamente el zapatito de cristal, el príncipe
opta por desposar a la que
ofrece más dote. La nueva princesa contrata
escribas que consignan la
historia de acuerdo con su dictado (Shua 76).
No quiero cerrar este apartado sin apuntar que,
en los últimos años, las
fronteras entre poema y relato se han vuelto más
difusas que nunca. Autores
como el mexicano Guillermo Samperio o el
uruguayo Rafael Courtoisie escriben
“textos extraños”, a medio camino entre la
lírica y la narración. Baste como
ejemplo “Las piedras de amar”, incluido por
Courtoisie en el volumen Umbría,
a medio camino entre el poemario y la colección
de minicuentos integrados:
Los hijos de los Grises le arrebatan el gozo a
las mujeres, justo en el
último momento, justo cuando están por
acabar. Los hijos de los Grises, en
el último instante, se llevan esa gema
invisible del sexo de las mujeres y
hacen un collar de maravilla.
En
las noches cálidas, el collar hecho con los
guijarros del gozo
humedecido, palpita en la penumbra inmóvil,
sin que nadie se adueñe del
temblor. Los Grises ponen esos collares en las
vitrinas de los museos, y
quedan tontamente alegres por haberles quitado
el gozo a las mujeres.
Las perlas, algunas oscuras y otras claras,
producen un latido inmóvil y
concéntrico, un espasmo translúcido que se
pierde en el espacio silencioso.
Pero las mujeres de los hijos de los grises
van, cada vez que pueden, a la
aldea vecina, donde los hombres saben
desprenderles del vientre esos cantos
rodados, esas perlas opalinas y latientes, y
las dejan flotando en la
entrepierna, húmedas y tibias todo el tiempo,
durante la eternidad que dura
el acto (Courtoisie 14).
En conclusión, a lo largo de estas páginas he
intentado demostrar que la
categoría del micro-relato refleja las
tendencias estéticas predominantes en
los últimos cincuenta años. Del reflejo
prioritario de los problemas
metaficcionales en los años sesenta, propio de
la década optimista y
renovadora en que los textos se gestaban, al
regreso a los contenidos y la
denuncia social de los años setenta y ochenta
y, finalmente, la parodia de
los textos canónicos de la Modernidad, la
categorización de los nuevos mitos
del siglo XX y la producción de textos ex-céntricos,
que privilegian el
discurso de los márgenes, en los últimos
tiempos.
Bibliografía
selecta del autora:
- "Micro-relato y
posmodernidad: textos nuevos para un final
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Universidad de Lérida, 1996. 45-57.
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1996.
La trampa en la sonrisa.
Sátira en la narrativa de Augusto
Monterroso. Salamanca: Universidad de
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