|
"LA
PAREJA"

©Ilustración
Rodolfo Franco
Por
©Andrés
Neuman
Andrés
Neuman, hispanoargentino, nació en 1977 en
Buenos Aires. Es
licenciado en Filología Hispánica y vive en
Granada. Ha publicado los
libros de poemas "Métodos de la
noche" (Hiperión, 1998, Premio Antonio
Carvajal), "El jugador de billar" (Pre-Textos,
2000) y "El tobogán"
(Hiperión, 2002, Premio Hiperión). Es
asimismo autor de los libros de
cuentos "El que espera" (Anagrama,
2000) y "El último minuto" (Espasa,
2001), así como de las novelas
"Bariloche" (Anagrama, 1999,
Finalista
Premio Herralde) y "La vida en las
ventanas" (Espasa, 2002, Finalista
Premio Primavera).
"La
Pareja"
No huelga indicar que
la torpeza puede, en ocasiones, ser fruto de un
exceso de sincronización; Elisa y Elías eran
sin duda un caso ejemplar.
Incapaces de abrazarse sin que sus respectivos
brazos izquierdo y derecho
chocasen en el aire junto a sus cabezas, ambos
despertaban la admiración de
sus amistades. Tenían los mismos hábitos. Les
gustaba la misma música. Sus
opiniones políticas no diferían ni siquiera
en lo accesorio: simpatía por
tal o cual ministro, fobia hacia este o aquel
diputado. Se reían con
parecidas bromas, y en los restaurantes
cualquiera de ellos podía pedir dos
menús idénticos sin consultar al otro. Jamás
tenían sueño a horas distintas;
lo cual, si estimulante sexualmente, resultaba
fastidioso desde un punto de
vista estratégico: Elisa y Elías competían
en secreto por ocupar primero el
cuarto de baño, por el último vaso de leche o
por leer antes esa novela que,
la semana anterior, ambos habían decidido
comprar en su librería predilecta.
Teóricamente, no cabe duda de que Elisa podía
alcanzar el orgasmo junto con
Elías sin ningún esfuerzo; pero, en la práctica,
no eran pocas las veces en
que acababan trenzados en incómodas posturas,
derivadas de su deseo
simultáneo de colocarse encima o debajo del
otro. Hacéis una pareja
perfecta; dos medias naranjitas, les solía
decir la madre de Elisa, a lo que
ambos respondían sonrojándose un poco, y pisándose
un pie al adelantarse
para ir a besarla.
Te odio más que a
nadie en este mundo, quiso aullar Elías cierta
noche
accidentada, sin conseguir que Elisa lo
escuchase, o, mejor dicho, sin poder
distinguir su propia voz de la de ella. Tras un
sueño inhóspito, pleno de
pesadillas con espejos, desayunaron en silencio
y no necesitaron discutir
para saber. Aquella tarde, al regresar del
trabajo, a ella no la sorprendió
encontrarse con la mitad del armario vacío
mientras se disponía a llenar sus
maletas.
Como es natural, Elisa y Elías han intentado
reconciliarse en más de una
ocasión. Sus teléfonos, no obstante, suelen
estar ocupados. Cuando en cambio
han conseguido fijar un encuentro, tal vez
ofendidos por la excesiva demora
del otro en dar el paso, ninguno de los dos ha
acudido a la cita.
©Andres
Neuman 2002
|