|
|
El
escritor madrileño Lorenzo Silva acaba de publicar (noviembre 2001) 'La isla del fin de la suerte', una novela
que no es como las demás porque el autor tuvo la ayuda de varios
lectores para realizarla, un experimento que se hizo a través de la
página web del Círculo de Lectores y que ahora toma la forma de
libro tradicional. Hoy nos trae un articulo inédito y en exclusiva
para Literaturas.com, se trata de un homenaje en forma de repaso bibliográfico
por la obra del escritor español Ramón J. Sender en el centenario de su nacimiento.
EL
HOMBRE SIN MÁSCARA
por
©Lorenzo
Silva

Cartel
conmemorativo, del autor Natalio Bayo para el Gobierno de
Aragón
CIEN
AÑOS 1901 - 2001
Ramón
J. Sender, que no era ningún retórico, solía distinguir entre
hombría y personalidad. Prefería la primera palabra para designar
la cualidad humana de cada persona. La segunda, invocando su origen
etimológico, la consideraba sinónimo de “máscara”: el aspecto
que se adopta para despistar a los demás acerca de lo que uno
verdaderamente es. Al final de su vida, afirmaba que el único
privilegio de que había gozado había sido carecer de máscara.
No
vamos, a estas alturas, a entrar en tópicos regionales. Pero es
verdad que esa franqueza y esa derechura que caracterizaban a Sender
se compadecen bien con el carácter desde antiguo atribuido a los
aragoneses. Él era un aragonés del norte, de Huesca, e hizo
profesión de ello durante toda su vida, aunque gran parte de ésta,
por elegir en la Guerra Civil el único bando posible desde sus
convicciones, el de los perdedores, transcurrió en tierras lejanas,
al otro lado del Atlántico.
Quizá
por ir siempre de frente, Sender no ha tenido, a mi juicio la gloria
literaria que merece. En este solar de las letras hispanas (y puede
que en otros) se suele preferir al literato esquinado, oblicuo,
zigzagueante. No gozan de especial predicamento ni prestigio los
narradores naturales, briosos y sin ambages como lo era Sender. Es más:
su falta de meandros es interpretada como simpleza, en un notorio
ejercicio del delito que con ello se quiere imputar.
Hace
en este año 2001 cien años del nacimiento de Sender. Y es buen
momento, tan bueno como cualquier otro, para recordar su legado. Se
está haciendo, en lugares diversos, y sobre todo en su Aragón
natal. Pero no sé por qué queda de todas estas celebraciones el
regustillo de que se dedican a un escritor regional, de menor cuantía,
cuando a mi juicio Sender, con sus altibajos y defectos (quién no
los tiene, Cervantes incluido) es uno de los pocos novelistas
universales que ha dado España en el siglo XX (si es que dio
varios...).
Sender
escribió muchísimo. Demasiado, si es que existe el derecho de
ponerle puertas al campo de la invención de un hombre. Algunos de
sus libros son ostensiblemente prescindibles, aunque no diría que
ninguno (por lo menos ninguno de los que yo he leído) resulte
indigno: logro que no todos los buenos escritores consiguen cumplir.
Ahora bien, este hombre sin máscara, como él se definía, consiguió
(y no es justo que se olvide y debería impedirse que se olvidara)
alumbrar un buen número de grandes novelas, portadoras no sólo de
magníficas historias y espléndidos personajes, sino también
dotadas de una fuerza literaria tan desbordante como original y
escasa en el panorama literario español que le fue contemporáneo.
Permítaseme
destacar entre todas ellas una por la que siento una debilidad
especial: Imán. Fue la
primera que publicó (aunque no la primera que escribió, venía
sanamente precedida de otros bosquejos novelescos juveniles) y en
ella describió con eficacia y altura poética difícilmente
alcanzables uno de los mundos atroces que le tocó conocer: el de la
guerra de Marruecos, aquella penosa y polvorienta aventura colonial
de los españoles en el áspero norte de África. Sender, en este
libro, no sólo consiguió retratar la realidad vivida, sino que la
transfiguró en un texto literario que hace trascender la historia
hacia cualquier tiempo y cualquier país donde haya hombres. Si me
preguntan por la mejor novela española del siglo XX (ya sé que es
una competición improcedente, pero puede organizarse como juego y a
menudo se organiza), no tengo duda: elijo ésta. Es la única en la
que convive una historia tan intensa, unos personajes tan poderosos
y simbólicos y una técnica narrativa tan brillante como para no
sentir vergüenza de que por aquellas mismas décadas en otros países
hubiera escritores como Proust, Kafka o Musil.
Pero
Sender no se quedó aquí. Fue simplemente el comienzo. Después
seguirían obras como Mr. Witt
en el Cantón, con la que obtuvo en 1935 un merecido Premio
Nacional de Literatura, o Réquiem
por un campesino español, uno de los más concisos y hermosos
trasuntos literarios de nuestra lóbrega Guerra Civil. También
pueden citarse El rey y la reina, Las criaturas saturnianas, El verdugo afable. Singularmente valiosa es su recuperación
novelesca de episodios de la historia española, emprendida, según
el autor, como medio de paliar la nostalgia que sentía de la patria
en el exilio. Son muchas las novelas, todas bien documentadas y
algunas de tan excelente factura como Carolus
rex, Tupac Amaru, Bizancio o La aventura
equinoccial de Lope de Aguirre.
Hay
que destacar, en un simple repaso de estos títulos, el buen olfato
de cazador de historias de Sender. De la masa de episodios de la
historia española, selecciona los más fascinantes: la patética
peripecia vital de Carlos II el Hechizado, la rebelión de un indígena
en la América colonial del XVIII, la epopeya de los almogávares
aragoneses y catalanes en Oriente o el loco delirio del conquistador
que se sublevó contra Felipe II. Cuando murió, en 1982, estaba
preparando una novela sobre otro episodio cargado de intención: el
viaje del catalán Domingo Badía, que disfrazado de sirio y bajo el
nombre de Alí Bey penetró a comienzos del siglo XIX en el
impenetrable imperio de Marruecos y llegó hasta La Meca.
Quedan
más títulos estupendos, de esos que convierten en momento pleno y
feliz una tarde de lectura. No voy a citarlos todos. Sólo añadiré
uno: el ciclo de novelas autobiográficas recogido bajo la rúbrica Crónica
del alba. Seré sincero: no todas sus partes me parecen igual de
valiosas, y es posible que su vigor y su riqueza vayan decayendo a
medida que se avanza de la primera a la novena y última. Pero la
primera mitad de la obra es soberbia: además de constituir un
prodigioso retrato de una época y de algunos lugares perdidos,
proporciona al lector, durante trechos larguísimos, esa sensación
tan extraña y deliciosa de estar escuchando la voz de un amigo, de
alguien con quien se tiene confianza y a quien uno desearía no
dejar de escuchar nunca. En su sencilla belleza (y por sencilla, tan
sabiamente elaborada por el hombre mayor y el escritor maduro que
Sender era cuando la escribió), es un relato de los que dejan
huella en quienes los leen.
Supongo
que estas líneas, como todos los demás actos y celebraciones, serán
inútiles. Que Sender, acabado su centenario, se irá hundiendo poco
a poco en el olvido, mientras algún que otro bufón ruidoso sigue
ocupando gran espacio. No importa, y a él tampoco le importaría.
Sender sabía que somos efímeros y frágiles, que tal es nuestra
condición y lo más sensato, conformarse a ella. Pero mientras dure
la vida de este lector, y la de algunos otros, Sender seguirá vivo
en nuestro corazón y en nuestra biblioteca. Ésa es la mejor
inmortalidad (y la única cierta) que le cabe alcanzar a un
escritor.
©Lorenzo
Silva.
Diciembre
2001
www.lorenzo-silva.com
|
La
exposición Cartografía de una soledad ofrece hasta el
20 de enero d el 2002 en la Residencia de Estudiantes
(Madrid - España) un recorrido
por la trayectoria vital y literaria del escritor aragonés
Ramón J.Sender en el centenario de su nacimiento
(1901-2001), a través de pinturas, fotografías, objetos, artículos
periodísticos, documentos, manuscritos originales y
correspondencia.
Más
información |


Noticias
Literarias | Libros
| Entrevistas
| La
Polémica | Opinión
| Rutas
Literarias |
Escaparate
| Documentos
| Memoria
| Monográficos
|
Tablón
Literario |
Lectores
Opinan | Galería
de Letras
| Vistazos Literarios
| Sabías Qué
|
Editores
| Asociados
| Quiénes
somos |
Escríbenos
| Publicidad
|
|
|