Literatura y Viaje
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Los caminos olvidados de Julio Cortázar
por © Maria Alejandra Gutiérrez
Una serena luminosidad parece hacerse cómplice para rodear aquellas casas, aquellas calles, aquellos primeros cielos que cobijaron la juventud de aquel joven, quien entonces solo era Julio Florencio. Cuando imaginamos al gran escritor que fue Julio Cortázar es natural pensar en París, en Francia, donde transcurrió casi toda su vida, sin embargo Argentina quedó tan arraigada en su pensamiento, que no deberían existir dudas acerca de cuál fue su verdadera patria. Pero aun los mismos argentinos se empeñan en poner por encima de los años en el sur su exilio voluntario en Europa, prevalece siempre una oculta recriminación por esa ausencia para muchos injustificada. Un recorrido por la que fue su primera geografía brinda un testimonio tan callado como cierto de cómo las huellas antiguas del escritor apenas han sobrevivido al paso del tiempo. El Bánfield de la niñez de Cortázar es hoy un barrio tranquilo, que conserva sus calles empedradas y el mismo ambiente de suburbio privilegiado ante el bullicio reinante en la capital que se eleva a pocos minutos del lugar. Mucha gente no sabe que por esas calles transitó el escritor, ni siquiera la familia que compró la casa N 585 de la calle Rodríguez Peña en el año 1994 para demolerla y levantar una hermosa residencia. No quedó nada de aquel jardín de ligustros y madreselvas que tan auténticamente describía el propio Cortázar en su cuento “Los venenos” Cuando hace seis años el Grupo Editor Mensaje se interesó en verificar la ubicación de la casa en Banfield y se encontró con su ya casi acabada demolición, lo único que se recuperó fue un cerco de alambre y la puerta. En primera instancia el grupo quiso donar la puerta a la Casa de la Cultura de Bánfield, pero frente a la indiferencia que la institución mostró ante la donación decidieron entregarla a la Escuela Inferior N 10, donde Cortázar cursara sus estudios de primaria. Hoy descansa la puerta verde con la placa que recuerda su procedencia en las nuevas instalaciones de la Escuela, ante la mirada desprevenida de los niños que corren por sus pasillos, otros distintos a los que transitó el niño Julio, pues en su época la escuela se erigía en lo que es hoy un juzgado. La calle General Artigas de Villa del Parque comparte la misma serenidad perpetua de Bánfield. El pequeño edificio coloreado de un blanco viejo permanece igual, con una plaza de árboles al frente que parece la fotografía de otro lugar que no es Buenos Aires. En el departamento N 7, que hoy también está remodelado y habitado por una nueva familia, vivió Cortázar cuando su familia decidió mudarse a la capital para un lugar más modesto. Nada en ese lugar sugiere que allí haya pasado el escritor muchos años importantes de su vida, cuando estudiaba en el Normal Mariano Acosta. Buenos Aires parece no testificar el recorrido de Julio Cortázar por sus calles, ni su presencia tan cierta en el mapa de la ciudad. Solo una tímida plazoleta que hace poco cambió su nombre al de Plaza Julio Cortazar se extiende al final de una calle que paradójicamente lleva el nombre de Jorge Luis Borges. Pero el itinerario de Cortázar por Argentina se extiende mucho más allá de la capital. Tres destinos más le esperarían a Cortázar en la provincia argentina. La primera estación de este viaje de ocho años por el mapa provinciano de su país fue San Carlos de Bolívar, a donde llegó acompañado de cinco maestros más, todos del Colegio Normal Mariano Acosta de Buenos Aires. Allí dio clases de Geografía en el Colegio Nacional durante dos años. El lugar donde vivó ese tiempo fue El Hotel La Vizcaína, en la habitación 52, que daba a la calle, lo cual le ayudaba con su problema de asma. Ese hotel hace poco tiempo iba a ser transformado en un bar. Dos años permaneció Cortázar en la soledad del pueblo, tiempo en el que profundizó en sus lecturas y se dedicó por entero a su trabajo. Sin embargo su necesidad de cambiar de ambiente se vio aliviada cuando le ofrecieron un intercambio de cátedras con otro profesor. Tendría que dar clases ahora en Chivilcoy. Este lugar era y sigue siendo un pueblo grande. La Escuela Nacional donde daría clases ocupaba toda una manzana y estaba dividida por un gran patio central. Cuenta el doctor Daniel Pastorino, uno de sus alumnos entonces: “Tenía 26 años cuando llegó y un aspecto muy particular, lo llamábamos entre nosotros “El Flaco”. Era muy alto, una conformación tipo feminoide, físicamente, caderas anchas, hombros estrechos, lampiño. Después cuando vimos las fotos con barba y demás, nos sorprendimos, evidentemente se hizo algún tratamiento hormonal. Iba peinado siempre a la gomina, con el pelo bien aplastado” Las cátedras que le tocó impartir estas vez fueron Historia Universal y Moral y Cívica. Con respecto a su manera de enseñar recuerda el Dr. Pastorino: “Era fascinante escucharlo, tenía una forma de explicar las cosas que nos tenía totalmente embrujados. Muchas veces le pedíamos en los recreos que siguiera. Nos ayudó mucho, no sólo en el contenido de la materia, sino también en nuestra formación, en el sentido de aprender a analizar lo que nos enseñaba, aprender a pensar, sus clases eran una historia contada que iba a la raíz de las cosas, a la explicación lisa y llana de los hechos históricos. Era extraordinario, aparte de que era una persona de una gentileza, de una fineza y educación que llamaba la atención en una época en la que el profesorado no era muy homogéneo en ese sentido.” Aquellos cinco años en los que vivió prácticamente recluido en Chivilcoy fueron de un intenso aprendizaje a través de todos los libros que leyó y de una iniciación literaria, que desde entonces manifestaba la riqueza y solidez que consolidaría años más tarde. De aquellos días data su primera novela titulada “Soliloquio” que fue quemada prematuramente. Aquel fue irrefutablemente un tiempo de incubación. Chivilcoy no fue más que el cascarón que revelaría al escritor que llegó a ser tiempo más tarde. Las calles del pueblo, anchas y tranquilas, aún conservan su propio ritmo de vida, en esas mismas calles Cortázar fundó los primeros trazos de su propio camino. Era común que en los días de calor al pasar cerca de su habitación, que por supuesto daba a la calle, se escuchara la máquina de escribir de Julio. En su tiempo libre apenas dejaba su habitación excepto para ir al cine o cuando viajaba a Buenos Aires a visitar a su familia y a impregnarse de la vida citadina que tanto extrañaba. En la Plaza España, que decora el frente de la Escuela Nacional, se creo una historia acerca de un romance entre un profesor y una alumna, romance que fue solo platónico entre el joven Julio y una estudiante llamada Coco. La plaza y la Escuela se mantienen igual, los amplios salones con grandes ventanales, aun conservan el recuerdo de aquellas clases y tantas anécdotas que permanecen en la memoria de quiénes tuvieron el privilegio de ser alumnos de aquel profesor alto y engominado que vestía invariablemente de traje azul. En el pueblo Cortázar se alojó en la Pensión de Los Varsilios en la Calle Pellegrini. “Muchas veces lo íbamos a visitar en la Pensión Varsilio para pedirle algún consejo o para que nos aclarara algún inconveniente. Lamentablemente, como pasa en estos países, donde hay una incultura total, ese edificio fue transformado, prácticamente lo demolieron y lo convirtieron en una farmacia sindical, el frente desapareció y la habitación donde él estuvo es hoy el despacho de la farmacia. Lo único que hicieron fue colocar una placa incluso mal escrita”, acota su alumno. Efectivamente la placa estampada en la fachada de la farmacia dice que allí vivió Cortázar cuando daba clases en el Colegio Nacional, cuando en verdad se trataba de la Escuela Normal. Para el Dr. Pastorino está claro: “Es lo que pasa cuando aparece una figura de esta talla en una sociedad dominada por prejuicios, factores de poder, que todavía no evolucionaron en el tiempo y que tratan de alguna manera de que se le olvide, pero de todas maneras todo el mundo sabe dónde estuvo Cortázar, sobre todo los que todavía vivimos” Pero aún faltaba un destino más en esta travesía rural: Mendoza. Allí se trasladó Cortázar en 1944 para impartir cursos de Literatura Francesa en la Universidad de Cuyo. El ambiente intelectual que reinaba en la universidad conquistó a Cortázar, quien disfrutó de muchas veladas de jazz y literatura, pero también hizo florecer en él su lado rebelde, pues tras ser clausurada la universidad por el gobierno de Juan Domingo Perón, el joven profesor encabezó una toma de cuatro días de las instalaciones, que le costó algunos kilos y su primer día en la cárcel. Hastiado de la situación política al poco tiempo regresa con su familia a Buenos Aires, donde comenzará a trabajar en la Cámara del Libro. Algunos años más le quedarían aún en su tierra antes de emprender su viaje definitivo a París. Sin duda en Argentina Cortázar dibujó muchas piezas de su propio “modelo para armar”. Quedan en Buenos Aires sus primeras publicaciones literarias en periódicos y revistas. Un viejo librero de la Avenida de Mayo conserva hoy con mucho recelo el original del Correo Literario del 11 de agosto de 1944 donde Cortázar publicara por primera vez su cuento “Bruja”. Las huellas del escritor se diluyen en Buenos Aires hasta perderse rumbo a otros cielos, sin embargo como tantas veces lo afirmó, Argentina le dio todo un sistema de valores que asimiló antes de su partida y que luego confrontó en Europa. Cortázar lamentó toda su vida esa campaña que durante años le llevaron muchos de sus compatriotas, quienes lo llamaron escritor afrancesado o escritor franco-argentino. En sus propias palabras: “Se vive un fenómeno de parricidio en la Argentina en lo que se refiere a mi, desde hace ya mucho tiempo” Bibliografía: González Bermejo, E (1979). Revelaciones de un Cronopio. Buenos Aires: Editorial Contrapunto. Goloboff, M (1998). Julio Cortázar, La Biografía. Buenos Aires: Editora Seix Barral. Fernández Cicco, E (1999). El secreto de Julio Cortázar Buenos Aires: Editorial de Belgrano. Prego Gadea, O (1996) La fascinación de las palabras. Buenos Aires: Alfaguara © Maria Alejandra Gutiérrez Sumario Literatura y Viaje
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