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Guerra Civil Española
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MASA: UNA ESCENA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

por
©Manuel Lasso
Manuel
Lasso. Novelista y dramaturgo. Estudio
literatura en el City College de la ciudad de
Nueva York, donde fue ganador de los Juegos
Florales en la categoría de narración. Es autor
de las novelas Mare Tenebrosum , Las
memorias del Almirante y Cenando con Klaus.
Es también autor del drama en dos actos Bifasicus
que esta ambientado en la época de la guerra
civil española.
MASA
Al
fin de la batalla,
y
muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y
le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”
Pero
el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se
le acercaron dos y repitiéronle:
“¡No
nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero
el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron
a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando:
“¡Tanto amor y no poder nada contra la
muerte!”
Pero
el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le
rodearon millones de individuos,
con
un ruego común: “¡Quédate hermano!”
Pero
el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces,
todos los hombres de la tierra
le
rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse
lentamente,
abrazó
al primer hombre; echóse a andar…
César Vallejo. 10 de noviembre de 1937
Los
momentos espantosos de la guerra civil española,
con sus innumerables demostraciones de heroísmo e
idealismo, produjeron marcas imborrables en los
intelectuales de la época. Son conocidas las
atestiguaciones de Octavio Paz en El
laberinto de la soledad y los testimonios llenos
de nostalgia de Pablo Neruda en España
en el corazón.
César
Vallejo también se conmovió con la violencia de
la contienda. Tras asistir en Madrid al Segundo
congreso internacional de escritores para la
defensa de la cultura viajó al frente de batalla
donde presenció personalmente los horrores de la
guerra. Tal vez en algún momento deseó quedarse,
con un fusil y un revólver lavado
en las manos, para pelear junto con los otros
voluntarios de la República.
Pero
como afirmaba Miguel Hernández, mientras que
algunos tenían que morir con el mentón firme y
la cabeza bien en alto, otros tenían que cantar
los hechos por encima de las trompetas. Entonces
Vallejo regresó a Francia para sentir el calor
diario de la amada debajo de las cobijas y para
redactar, con todo lo visto y oído, el poemario
titulado España,
aparta de mí este cáliz.
Esta
fotografía de un miliciano herido, que ya dobla
las piernas y suelta el fusil, fue la más
difundida de todos esos tiempos. En ella se ve
caer al combatiente Federico Borrell García, de
Alcoy, luego de ser alcanzado mortalmente por una
bala franquista en la batalla del cerro Muriano
durante el último empeño republicano de
recapturar la ciudad de Córdoba.
Fue
tomada por el fotógrafo húngaro Robert Capa, con
una cámara Laika de 35 milímetros y apareció
publicada en la revista Vu de París el 23 de septiembre de
1936, convirtiéndose innegablemente en la imagen
más renombrada de todo el conflicto.
Al
año siguiente, el autor de Piedra
negra sobre una piedra blanca
concluyó su composición más surrealista y
universal, el poema Masa; y le puso la fecha del 10 de
noviembre de 1937. Sin embargo no pudo verlo
publicado porque falleció poco después, el 15 de
abril de 1938, aniquilado por una fiebre maligna
de origen incierto que nadie pudo entender.
Fue
como si la formidable Muerte que Vallejo
describiera caminando por los cementerios
bombardeados y por los campos de batalla de España,
con su
cognac, su pómulo moral, sus pasos
de acordeón y su palabrota, hubiese venido a
buscarlo hasta su habitación parisina para llevárselo
al Montparnasse aunque lo hubiese tenido que hacer
en contra de su propia voluntad.
