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Guerra Civil Española
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¿Literatura sobre la posguerra o literatura del exilio?

por
©Luis
García
Luis García es escritor. Reseña libros para revista especializadas en literatura de España y Latinoamérica en soporte papel y digital. Es subdirector de Literaturas.com y se encarga de las reseñas en la sección Libros de esta publicación electrónica.
No es
la primera vez, y tampoco será la última,
seguro, que la Guerra Civil Española es utilizada
como recurso literario y artístico. Se puede
decir sin temor a equivocarse, que en general está
de moda, y eso es algo que se aprecia
a poco que observemos los escaparates de
las librerías y que sigamos las novedades
editoriales o las carteleras cinematográficas. Es
un tema que aún a riesgo de parecer ajado, se
mantiene inalterable a menudo que pasan los años,
y como el buen vino, cuanto se escribe
sobre él mejora a medida que pasan los años. Y
como cumpliendo un ciclo ciertamente curioso, hoy
en día coinciden varias obras de ficción con
dicha contienda como excusa, entre ellas, La
voz dormida de Dulce Chacón, en donde se
reivindica la memoria de los perdedores a partir
de las vivencias de un grupo de mujeres
republicanas que pasa lentamente los días en la cárcel
de Las Ventas al acabar la guerra civil, y Los colores de la
guerra, Premio de
Novela Fernando Lara 2002, obra en
la que se narra uno de los episodios más románticos
y a la vez más desconocidos del final de la
Guerra Civil española: el intento de sacar los
cuadros de la pinacoteca del Museo de Prado para
que estos no cayeran en las manos de Franco.
Antes, habíamos podido leer Días y noches
de Andrés Trapiello, que narra la
particular diáspora de un grupo de exiliados
republicanos quienes a bordo del Sinaia,
buque habilitado para trasportar el éxodo de los
perdedores, se embarcan rumbo al exilio mexicano, Un
largo silencio de Ángeles Caso, que
cuenta el reencuentro de tres generaciones de
mujeres republicanas con sus raíces, un
reencuentro doloroso y trágico por cuanto no sólo
se sienten derrotadas, sino también humilladas y
habíamos disfrutado con las maravillosas novelas Bella
en las tinieblas y La sangre ajena,
de Manuel de Lope, a mi juicio las que mejor y con
más sensibilidad propia y ajena han tratado el
tema en cuestión. Pero no hay que olvidar que
estamos ante uno de los argumentos bélicos
sobre los que más tinta se ha vertido
después de la II Guerra Mundial y justo es que
los editores aprovechen el tirón para
rescatar de la memoria cuantas obras se han
escrito hasta la fecha, como por ejemplo Las
armas y las letras de Trapiello. Decía un
conocido crítico, que "es bueno que los
escritores españoles retomen el tema de la guerra
civil, y que lo hagan sin falsas voluntades
conciliatorias", porque si algo subyace
en todas las obras mencionadas es la impresión de
que los autores no pueden evitar el tomar partido
por aquellos que efectivamente perdieron la
guerra, pero que también, ilegítimamente fueron
desposeídos de cuanto habían conseguido arrancar
a menudo con no poco esfuerzo: la asunción de un
modo de Gobierno que guste o no, era el legalmente
establecido y que implicaba una forma de entender
la sociedad diferente, acaso más justa, algo que
se aprecia tras la lectura de estas novelas, que
ahondan en la tragedia particular y colectiva de
un pueblo que aún hoy en día está esperando una
respuesta a una sencilla pregunta. ¿Por qué?.
©Luis
García 2003
