Guerra Civil Española

Dulce Chacón  

por

©Luis García

  Dulce Chacón. Zafra (Badajoz) 1951. Publicó su primer libro de poemas, Querrán ponerle nombre en (1992), al que siguió Las palabras de la piedra (1993). Premio de Poesía Ciudad de Irún 1995 por Contra el desprestigio de la altura. Ha publicado las novelas Algún amor que no mate (1996), Blanca vuela mañana (1997) y Háblame, musa, de aquel varón (1998), y el libro de poesía Matar al ángel (1999). Estrenó su primera obra de teatro, Segunda  mano en 1998. Ganadora del Premio Azorín 2000 con Cielos de barro . Su ultima novela es La voz dormida  (2003).

 

Introducción.-   Con sus dos últimas novelas, Cielos de barro (Premio Azorín 2000) y La voz dormida (2002), Dulce Chacón se ha encaramado a los primeros puestos de ventas en nuestro país. En La voz dormida un grupo de mujeres republicanas pasa lentamente los días en la cárcel de Las Ventas al acabar la guerra civil. Son tiempos difíciles para ellas y sus familiares, como muy bien refleja la autora en una obra dura llamada a reivindicar la memoria de los perdedores.

Luis García.- Empecemos por el principio.  ¿Cuál es la génesis de La voz dormida?.

Dulce Chacón.- Una necesidad personal: recuperar la historia silenciada de los vencidos de la Guerra Civil.

 

Pregunta.-   Se lo pregunto porque una vez más (y ya van unas cuantas) estamos ante una novela con el trasfondo de la Guerra Civil, y como otras –Soldados de Salamina-  con un fuerte componente histórico.

 

Dulce Chacón.-  Es lógico pensar que ahora, después de 27 años de democracia, se generalice la inquietud por rescatar ese tiempo del olvido.

 

Pregunta.-   ¿No teme que la tachen de autora comprometida?

 

Dulce Chacón.- Soy autora comprometida. Quien lea mis libros comprobará que escribo desde un compromiso moral, siempre. Por tanto, no temo que me tachen de nada.

 

Pregunta.-  Las comparaciones son odiosas, pero no por ello inevitables. ¿Aguantará La voz dormida el paso del tiempo?

 

Dulce Chacón.- El tiempo lo dirá, dicen que es el que pone las cosas en su sitio.  

Pregunta.-    ¿Qué pretendías transmitir en la novela?

 

Dulce Chacón.-   La emoción de los que protagonizaron nuestro tiempo pasado inmediato. Yo quise hacerles un homenaje, devolverles la voz.  

Pregunta.-   Hay en la última literatura española una creciente inquietud por viviseccionar la Guerra Civil, sus antecedentes y sus consecuencias. Pero tú nos muestras en La voz dormida las cloacas de la posguerra, sus miserias mas ocultas. ¿Se hacía necesaria una novela sobre las mujeres de las cárceles?

 

Dulce Chacón.- Es necesario señalar el protagonismo de la mujer, no sólo en las cárceles sino también en el maquis y en la lucha clandestina, o como apoyo fundamental en la sociedad del vencido. El papel de la mujer ha sido tratado siempre como secundario, y ninguna novela hasta hoy había recogido su lucha.

 

Pregunta.-    Mas que una novela, parece un reportaje periodístico, ¿qué hay de real en las          historias de las presas republicanas de la cárcel de Las Ventas?

 

Dulce Chacón.- Yo no creo que parezca un reportaje. La historia es pura ficción, y los personajes son ficticios, pero están basados en historias reales y en personas que me inspiraron la mayoría de los personajes. Estuve documentándome durante más de cuatro años, de manera que hay mucha verdad en la novela. Pero, insisto, una verdad pasada por el tamiz de la ficción.

 

Pregunta.-     Sorprenden en la novela el realismo de los personajes y la verosimilitud de las situaciones.... ¿Cómo los fuiste perfilando?.

 

Dulce Chacón.-  Los testimonios orales que recogí por distintas ciudades y pueblos me han servido para darle a la historia corazón, carne y hueso.

 

Pregunta.-    Una guerra de vencedores y vencidos, pero sobretodo una guerra en la que sufrieron tanto, o más, los encarcelados como sus familiares. ¿Se hacia necesaria una revisión del conflicto?

 

Dulce Chacón.-  Es absolutamente necesaria la revisión del conflicto. Es preciso que los que no han podido contar su historia tengan la posibilidad de hacerlo, y también que los que no la conocen tengan la oportunidad de acercarse a ella. Son historias necesarias, sin las cuales la memoria colectiva está incompleta.

  

Pregunta.-   ¿Crees que falta algo por contar sobre la contienda?

 

Dulce Chacón.-  Falta mucho que contar. Durante sesenta años, los vencedores mostraron sus heridas. Sin embargo los vencidos se han visto obligados a ocultarlas, y no han sanado. El silencio fue una condena excesivamente larga. Los vencidos fueron obligados a callar, primero por la dictadura y luego por los pactos de la transición, más tarde, la democracia no impulsó la reivindicación de la memoria. Ahora, afortunadamente, la necesidad de la memoria histórica completa es un hecho.

 

Pregunta.-  Te diste a conocer con el Premio Azorín con Cielos de barro, obra ambientada también en la guerra civil, aunque no es hasta la fecha que alcanzas la popularidad literaria. ¿Cómo se vive?

 

Dulce Chacón.-  Anteriormente había publicado poesía, y tres novelas, pero realmente Cielos de barro y La voz dormida son mis libros más leídos. Para mí es un placer tener cada día más lectores.

  

Pregunta.-   Y le ha salido de una  novela muy visual en la que no sobra ni falta detalle....

  

Dulce Chacón.-  Es cierto, todo el mundo me pregunta cuándo se llevará al cine.

 

Pregunta.-   Y Ya por último, ¿cuál es tu próximo proyecto?

Dulce Chacón.-  Ahora estoy trabajando en la adaptación teatral de mi primera novela, Algún amor que no mate, que se estrena en diciembre en Las Palmas.

 

  

Reseña 

Dulce Chacon                                                La voz dormida

Alfaguara - 2002

 De la bélica posguerra

Entre las historias que recuerdo contaba mi abuela, había una que me impresionaba especialmente más porque no la entendía en su totalidad que por el desenlace de la misma. Contaba cuando hacia Noviembre de 1934 y una vez finalizada la Revolución de Octubre, Juan Ambou, viejo militante y revolucionario comunista, conminaba a los vecinos del barrio de La Argañosa a colgar sábanas blancas en las ventanas en un intento por salvar la paz, ya que la guerra parecía imposible el hacerlo.

 -         "Juanin" -decía mi abuela- "¿qué va a ser de nosotros?". 

-         "No temas, Pilar, tu saca la sábana blanca a la ventana y todo pasará".

 Y vaya si pasó. Pasaron las hordas del Norte de África, y pasó uno de los episodios represivos más inhumanos del siglo XX en nuestro país. Y todo, por haber sido silenciosos simpatizantes de un intento por cambiar las cosas, posiblemente el último que se recuerda, y también probablemente el último que nos concedió la historia. Saco esto a colación a raíz de la lectura de una de las novelas más conmovedoras de los últimos años, La voz dormida, de Dulce Chacón, sin duda alguna llamada a mantener vivos muchos recuerdos como el mencionado y a restituir la memoria histórica de un pueblo elevándola a la categoría de inmortal. La obra hace referencia a ese otro contingente de combatientes anónimos que  como mi abuela sufrieron como los que más los sinsabores de una derrota para la que no estaban preparados, pero ellas, las mujeres, menos que nadie. La Guerra Civil vende, y a eso no son ajenos los escritores de ahora. Basta echar un vistazo y comprobar como gran parte de las novelas que se escriben en España están directa o indirectamente relacionadas con dicha conflagración. Y si bien es cierto dicha premisa, no lo es menos que nunca hasta La voz dormida se había escrito la historia de los perdedores desde el punto de vista de las combatientes. Escrita en clave periodística, narra el innecesario sufrimiento de las mujeres republicanas en las cárceles franquistas en los años inmediatamente posteriores al fin de la contienda, que no de la guerra como ellas gustan de decir a menudo. Como no podía ser de otro modo se nos presentan en pequeños capítulos un sinfín de vidas truncadas y visiones excesivamente maniqueas de las situaciones (salvo pinceladas austeras personajes como las carceleras no son sino ogros antes que seres humanos, a pesar de ciertos guiños caritativos). Pero la credibilidad de la novela planea como una losa sobre las dolorosas historias que se nos relatan y hace que tomemos partido inexorablemente por las causas perdidas. No podemos ser ajenos a las historias de Elvira y su hijo Paulino, de la Reme y Tomasa, ni mostrarnos indiferentes por la lectura de la carta que escribiera Julita Conesa justo antes de ser fusilada, ni escépticos ante el mote que cariñosamente le otorgaban al "paseíllo" o fusilamiento: La Pepa. Cierto es que la literatura se debe a la constante aristotélica de la verosimilitud, pero no es menos cierto que toda obra literaria debe ser perdurable en el tiempo, resistir con ahínco los envites de los años. Y La voz dormida lo consigue a pie juntillas aún a riesgo de perder su condición narrativa y convertirse en un reportaje de gran nivel. Dulce Chacón ha sabido conjurar sus fantasmas, que son los nuestros, y dotada de la emoción que se le requería, construir un relato pleno de sentimientos encontrados en un momento de la historia en el que se requiere dar una definitiva vuelta de tuerca para de una vez y para siempre pasar la página como debe de hacerse: sin olvidar el pasado igual que hiciera mi abuela hasta encontrar en su nieto al interlocutor que llevaba cuarenta años esperando.

©Luis García 2003

  

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