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Guerra Civil Española
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Dulce Chacón
por
©Luis García
Luis García.-
Empecemos por el principio.
¿Cuál es la génesis de La voz
dormida?.
Dulce
Chacón.- Una necesidad personal: recuperar la
historia silenciada de los vencidos de la Guerra
Civil.
Pregunta.-
Se lo pregunto porque una vez más (y ya
van unas cuantas) estamos ante una novela con el
trasfondo de la Guerra Civil, y como otras –Soldados
de Salamina-
con un fuerte componente histórico.
Dulce
Chacón.- Es lógico pensar que ahora, después de 27 años
de democracia, se generalice la inquietud por
rescatar ese tiempo del olvido.
Pregunta.- ¿No teme que la tachen de autora
comprometida?
Dulce
Chacón.- Soy autora comprometida. Quien lea mis libros
comprobará que escribo desde un compromiso moral,
siempre. Por tanto, no temo que me tachen de nada.
Pregunta.- Las comparaciones son odiosas, pero no por
ello inevitables. ¿Aguantará La voz
dormida el paso del tiempo?
Dulce
Chacón.- El tiempo lo dirá, dicen que es el que pone las
cosas en su sitio.
Pregunta.- ¿Qué pretendías
transmitir en la novela?
Dulce
Chacón.- La emoción de los que
protagonizaron nuestro tiempo pasado inmediato. Yo
quise hacerles un homenaje, devolverles la voz.
Pregunta.-
Hay en la última literatura española una
creciente inquietud por viviseccionar la Guerra
Civil, sus antecedentes y sus consecuencias. Pero
tú nos muestras en La voz dormida
las cloacas de la posguerra, sus miserias mas
ocultas. ¿Se hacía necesaria una novela sobre
las mujeres de las cárceles?
Dulce
Chacón.-
Es necesario señalar el protagonismo
de la mujer, no sólo en las cárceles sino también
en el maquis y en la lucha clandestina, o como
apoyo fundamental en la sociedad del vencido. El
papel de la mujer ha sido tratado siempre como
secundario, y ninguna novela hasta hoy había
recogido su lucha.
Pregunta.-
Mas que una novela, parece un reportaje
periodístico, ¿qué hay de real en las
historias de las presas republicanas de la
cárcel de Las Ventas?
Dulce
Chacón.- Yo no creo que parezca un reportaje. La historia
es pura ficción, y los personajes son ficticios,
pero están basados en historias reales y en
personas que me inspiraron la mayoría de los
personajes. Estuve documentándome durante más de
cuatro años, de manera que hay mucha verdad en la
novela. Pero, insisto, una verdad pasada por el
tamiz de la ficción.
Pregunta.-
Sorprenden en la novela el realismo de los
personajes y la verosimilitud de las
situaciones.... ¿Cómo los fuiste perfilando?.
Dulce
Chacón.- Los testimonios orales que recogí
por distintas ciudades y pueblos me han servido
para darle a la historia corazón, carne y hueso.
Pregunta.-
Una guerra de vencedores y vencidos, pero
sobretodo una guerra en la que sufrieron tanto, o
más, los encarcelados como sus familiares. ¿Se
hacia necesaria una revisión del conflicto?
Dulce
Chacón.- Es absolutamente necesaria la revisión del
conflicto. Es preciso que los que no han podido
contar su historia tengan la posibilidad de
hacerlo, y también que los que no la conocen
tengan la oportunidad de acercarse a ella. Son
historias necesarias, sin las cuales la memoria
colectiva está incompleta.
Pregunta.- ¿Crees que falta algo por contar sobre la
contienda?
Dulce
Chacón.- Falta mucho que contar. Durante sesenta años, los
vencedores mostraron sus heridas. Sin embargo los
vencidos se han visto obligados a ocultarlas, y no
han sanado. El silencio fue una condena
excesivamente larga. Los vencidos fueron obligados
a callar, primero por la dictadura y luego por los
pactos de la transición, más tarde, la
democracia no impulsó la reivindicación de la
memoria. Ahora, afortunadamente, la necesidad de
la memoria histórica completa es un hecho.
Pregunta.- Te diste a conocer con el Premio Azorín
con Cielos de barro, obra ambientada también en
la guerra civil, aunque no es hasta la fecha que
alcanzas la popularidad literaria. ¿Cómo se
vive?
Dulce
Chacón.- Anteriormente había publicado poesía, y tres
novelas, pero realmente Cielos de barro y La voz
dormida son mis libros más leídos. Para mí es
un placer tener cada día más lectores.
Pregunta.-
Y le ha salido de una
novela muy visual en la que no sobra ni
falta detalle....
Dulce
Chacón.- Es cierto, todo el mundo me pregunta
cuándo se llevará al cine.
Pregunta.-
Y Ya por último, ¿cuál es tu próximo
proyecto?
Dulce
Chacón.- Ahora estoy trabajando en la adaptación
teatral de mi primera novela, Algún amor que no
mate, que se estrena en diciembre en Las Palmas.
Reseña
Dulce
Chacon
La voz dormida
Alfaguara
- 2002
De
la bélica posguerra
Entre
las historias que recuerdo contaba mi abuela, había
una que me impresionaba especialmente más porque
no la entendía en su totalidad que por el
desenlace de la misma. Contaba cuando hacia
Noviembre de 1934 y una vez finalizada la Revolución
de Octubre, Juan Ambou, viejo militante y
revolucionario comunista, conminaba a los vecinos
del barrio de La Argañosa a colgar sábanas
blancas en las ventanas en un intento por salvar
la paz, ya que la guerra parecía imposible el
hacerlo.
- "Juanin" -decía mi abuela- "¿qué va a ser de nosotros?".
-
"No temas, Pilar, tu
saca la sábana blanca a la ventana y todo pasará".
Y vaya si pasó. Pasaron las hordas del Norte de África, y pasó uno de los episodios represivos más inhumanos del siglo XX en nuestro país. Y todo, por haber sido silenciosos simpatizantes de un intento por cambiar las cosas, posiblemente el último que se recuerda, y también probablemente el último que nos concedió la historia. Saco esto a colación a raíz de la lectura de una de las novelas más conmovedoras de los últimos años, La voz dormida, de Dulce Chacón, sin duda alguna llamada a mantener vivos muchos recuerdos como el mencionado y a restituir la memoria histórica de un pueblo elevándola a la categoría de inmortal. La obra hace referencia a ese otro contingente de combatientes anónimos que como mi abuela sufrieron como los que más los sinsabores de una derrota para la que no estaban preparados, pero ellas, las mujeres, menos que nadie. La Guerra Civil vende, y a eso no son ajenos los escritores de ahora. Basta echar un vistazo y comprobar como gran parte de las novelas que se escriben en España están directa o indirectamente relacionadas con dicha conflagración. Y si bien es cierto dicha premisa, no lo es menos que nunca hasta La voz dormida se había escrito la historia de los perdedores desde el punto de vista de las combatientes. Escrita en clave periodística, narra el innecesario sufrimiento de las mujeres republicanas en las cárceles franquistas en los años inmediatamente posteriores al fin de la contienda, que no de la guerra como ellas gustan de decir a menudo. Como no podía ser de otro modo se nos presentan en pequeños capítulos un sinfín de vidas truncadas y visiones excesivamente maniqueas de las situaciones (salvo pinceladas austeras personajes como las carceleras no son sino ogros antes que seres humanos, a pesar de ciertos guiños caritativos). Pero la credibilidad de la novela planea como una losa sobre las dolorosas historias que se nos relatan y hace que tomemos partido inexorablemente por las causas perdidas. No podemos ser ajenos a las historias de Elvira y su hijo Paulino, de la Reme y Tomasa, ni mostrarnos indiferentes por la lectura de la carta que escribiera Julita Conesa justo antes de ser fusilada, ni escépticos ante el mote que cariñosamente le otorgaban al "paseíllo" o fusilamiento: La Pepa. Cierto es que la literatura se debe a la constante aristotélica de la verosimilitud, pero no es menos cierto que toda obra literaria debe ser perdurable en el tiempo, resistir con ahínco los envites de los años. Y La voz dormida lo consigue a pie juntillas aún a riesgo de perder su condición narrativa y convertirse en un reportaje de gran nivel. Dulce Chacón ha sabido conjurar sus fantasmas, que son los nuestros, y dotada de la emoción que se le requería, construir un relato pleno de sentimientos encontrados en un momento de la historia en el que se requiere dar una definitiva vuelta de tuerca para de una vez y para siempre pasar la página como debe de hacerse: sin olvidar el pasado igual que hiciera mi abuela hasta encontrar en su nieto al interlocutor que llevaba cuarenta años esperando.
©Luis García
