Literatura y Gastronomía

 

Reseña

"El pan de los jesuitas" Rick Curry 

por 

©Miguel Baquero

HISTORIA Y CURIOSIDADES DE UN ALIMENTO ESENCIAL

  El pan constituye, para muchos seres humanos, el alimento básico por excelencia, la primera idea que se nos viene a la cabeza cuando oímos hablar de un artículo de primera necesidad. En la mayoría de las culturas, el pan simboliza la meta de todos los esfuerzos, el alimento necesario hacia el que se dirige el hombre, que no en vano cada día tiene que “ganarse el pan” con el sudor de su frente y que no puede considerarse bien situado en el mundo hasta que no tiene “el pan asegurado”.

 

“El pan nuestro de cada día” es lo más importante que, desde tiempos inmemoriales, ha pedido el ser humano en sus rezos. Tal vez por ello, a lo largo de la historia el pan ha sido visto muchas veces como un elemento sagrado, y son numerosas las religiones que basan la comunión entre los fieles y los dioses en la ingestión de alguna variedad de este comestible básico y para muchas culturas imprescindible. El pan significa la vida, desde el principio de los tiempos, desde aquellos lejanos siglos del Neolítico en que, en Egipto y Mesopotamia, los primeros cultivadores de tierras tomaron granos de trigo silvestres, los dispusieron sobre una losa y, machacándolos con piedras, obtuvieron una especie de harina que les bastaba para sobrevivir.

 

Como elemento básico de subsistencia, era lógico que el pan se sacralizase, y como elemento sagrado, era lógico que, sobre todo en el ámbito cristiano, donde el pan guarda un mayor simbolismo, muchas ordenes religiosas tomaran un especial interés en su elaboración. Una de estas ordenes fue la de los jesuitas, que pronto se hizo famosa por la calidad de sus panes y por la maestría de sus obradores.

 

“El pan de los jesuitas”, un libro escrito por el jesuita Rick Curry y publicado por Alianza Editorial, nos habla sobre la forma de elaboración y, sobre todo, nos ofrece más de 80 recetas de diferentes tipos de pan para diversas épocas del año, desde la Navidad hasta la Pascua, pasando por los panes cotidianos. Rick Curry, su autor, es un hermano jesuita dedicado, desde su entrada en la Orden, a la elaboración del pan de la comunidad. Curry nos desvela, a través de este libro, muchas y muy diversas recetas que abarcan desde el sencillo pan básico de masa agria hasta el pan de dátiles y nueces, el pan de arándanos, albaricoques y naranja y otros muchos panes, tortas y bizcochos cuyo sólo nombre ya despierta el apetito.

 

Junto con estas recetas, en “El pan de los jesuitas” se nos ofrecen también anécdotas de la vida monástica, curiosidades de algunos miembros famosos de la Orden, y una breve historia sobre la evolución de este alimento básico, desde aquellas harinas molidas sobre piedras hasta el momento en que estos mismo egipcios y mesopotámicos descubrieron que, añadiéndole agua a aquel polvo, se creaba una especie de papilla que podía luego cocerse hasta obtener una torta (este método rudimentario de elaboración de pan aún se sigue practicando abundantemente en Centroamérica). Posteriormente, se descubrió que, si no se cocían al instante, sobre estas papillas actuaba una especie de hongo o levadura que las hacía hincharse y esponjarse. Se había descubierto, en torno al segundo milenio a.C., el pan tal y como lo conocemos.

 

Desde aquella época, poco, en realidad, ha variado en la elaboración del pan; los cambios más notables se han basado en la incorporación de ingredientes. Aún así, estos pueden reducirse a unos pocos: harina (principalmente de trigo), agua, levadura y sal (o harina, leche, azúcar, mantequilla y huevos para hacer bollos y bizcochos), junto con aditamentos como frutas y frutos secos. A partir de estas sencillas bases, puede elaborarse un número casi infinito de variedades de pan y pan dulce. En secreto está, se nos dice en “El pan de los jesuitas”, en “mezclarlos con sabiduría”. Y con arte, o con cierto misticismo, según se desprende del modo en que Curry nos describe su tarea cotidiana de hacer pan:

 

“Cuando elaboro el pan, realizo un examen de conciencia. Después de leer la receta, hago una inspiración profunda, me relajo y tomo conciencia de que estoy en presencia de Dios (...) Cuando el olor a pan recién cocido inunda mi cocina, dejo que mi espíritu se llene de gratitud  y alabo a Dios por todo lo que constituye mi vida”.

 

La lectura de “El pan de los jesuitas” supone, en gran medida, retomar el valor esencial de este alimento básico, recuperar su simbolismo y advertir que ese movimiento que hacemos cada día y al que no concedemos importancia, como es llevarnos a la boca un pedazo de pan, es en realidad un acto cargado de historia, de simbología y de arte. Como dice Laura Esquivel, en el prologo a este “El pan de los jesuitas”, “podemos gozar como seres humanos, día tras día, de un cierto gusto del Paraíso”.

 

©Miguel Baquero 2003

  

 

Volver al Menú Principal