Entrevista

Manuel
Vázquez Montalbán

por
©Nativel
Preciado
"Hay
una relación directa entre comer, beber y
amar"
La
gula. Se trata de un exceso desordenado en el
comer y en el beber. Manuel Vázquez Montalbán
es autor de un espléndido relato, La Gula,
donde mezcla gastronomía, teología y
marxismo a través del monólogo de un
exquisito gourmet que naufraga en una isla
desierta. Este robinson, que había sido
obispo en El Vaticano, se ve obligado a
inventar sus propias teorías gastronómicas,
en las que adquiere un simbólico protagonismo
el bacalao que Dios le envía. El bacalao, una
momia conservada en salazón, puede
convertirse, gracias al ingenio culinario, en
un alimento prodigioso, como el maná caído
del cielo. Vázquez Montalbán, que como se
sabe es un gran aficionado a la gastronomía,
propone una inteligente asociación de ideas
entre guisar, comer, beber y amar. Y de eso
trata otro de sus libros, Recetas inmorales,
que nació con el objetivo de lograr fondos en
beneficio de personas con deficiencia mental.
En contra de lo que algunos puedan pensar, no
hay contradicción entre la moral hedonista
del autor de Un polaco en la corte del rey
Juan Carlos y la generosidad solidaria que
supone trabajar para una causa altruista.

Nativel
Preciado.- ¿Qué le llevó a
mezclar en el mismo guiso la cocina, la teología
y el marxismo?
Vázquez
Montalbán.-
Me pidieron un libro sobre la
gula y se me ocurrió escribir el relato de un
náufrago que era un obispo encargado de las
finanzas de El Vaticano y, además, un
exquisito gourmet. Lo he subtitulado Reflexión
de un robinson ante un bacalao seco porque,
para mí, el bacalao es un prodigio marxista.
Cuando era joven, un grupo de marxistas
organizamos un viaje de Madrid a Palencia en
busca de un tipo al que habían visto con el
libro de Sartre Tránsito de la cantidad a la
cualidad. Queríamos ficharle para la
organización. El caso es que, desde mi punto
de vista, el bacalao ejemplariza ese tránsito
de la cantidad a la cualidad. Un bacalao seco
es como una momia, pero se mete en agua y se
transforma en otra historia. Sólo a un genio
se le ocurre remojar la momia, utilizar el
agua del hervor, moverlo con un poco de aceite
y ajos para convertirlo en bacalao al pil pil.
De ahí sale todo un discurso teológico.

Pregunta.-
¿Por qué ha titulado otro de
sus libros "Recetas inmorales"?
Vázquez
Montalbán.-
En cierta ocasión me dijo Dalí
que con Greta Garbo sólo se podía comer
lenguado a la plancha. Entonces me puse a
pensar qué comería yo con determinadas
mujeres. De ahí surgió la idea de asociar la
erótica con la gastronomía. Así como
existen las asociaciones de ideas, también se
dan las asociaciones totalmente arbitrarias
entre guisar, comer y amar.

Pregunta.-
¿Y por qué esa combinación ha
de ser inmoral?
Vázquez
Montalbán.-
Todo lo que hace referencia al
placer es gozosamente calificado de inmoral.
Para los moralistas, sólo el sufrimiento es
moral. En las religiones hay ayunos, cuaresmas
y ramadanes. Estoy en contra de todas ellas
-la católica, la islámica y la neoliberal-
porque, al defender valores absolutos, acaban
siendo totalitarias.

Pregunta.-
¿Cree que las pasiones
responden a la teoría de los vasos
comunicantes?
Vázquez
Montalbán.-
No se puede generalizar, pero
hay un relación directa entre comer, beber y
amar. Especialmente la bebida conduce a la
cama porque desinhibe y los esfínteres se
abren en función del ambiente. La cantidad de
veces que he tenido éxito en esos territorios
ha sido por lo favorable del clima; me he
atrevido a hacer propuestas que sin esa
situación gastronómico-etílica hubieran
sido impensables.

Pregunta.-
¿Existe la cocina afrodisiaca?
Vázquez
Montalbán.-
Está demostrado que no existe
la cocina afrodisiaca. Lo importante es que la
ceremonia de compartir una comida se convierta
en un acto afrodisiaco en sí mismo.

—¿La gula puede ser un placer solitario?
Vázquez
Montalbán.-
Si es solitario, se convierte en
un placer de lo más mediocre. El tío que se
guisa un plato y se lo come solo es un
onanista. La gula o es comunicación o no
tiene ningún valor. La comunicación implica
una apropiación porque siempre implica
convencer a alguien y nunca el receptor es tan
fuerte como el emisor. En el juego de
propuestas de la sensualidad siempre hay uno
que persuade y otro que es persuadido Ahí está
la gracia del asunto. En toda propuesta
sensorial hay una intención sexual.

Pregunta.-
¿Se fía usted de la gente a la
que no le gusta comer?
Vázquez
Montalbán.-
No puedo generalizar. Antes yo
era muy dogmático en este sentido, hasta que
descubrí anoréxicos maravillosos.

Pregunta.-
¿Hay alguna comida de la que no
pueda prescindir?
Vázquez
Montalbán.-
En el fondo, uno puede
prescindir de todo. Sin embargo, en la vida de
todo escritor hay un Rosebud como el de
Ciudadano Kane. Recuerdo un día que estaba
sentado en el portal de mi casa, frente a la
panadería, y vi salir a mi madre con un pan
caliente y un cucurucho de aceitunas negras.
Me dio un trozo de aquel pan con aceitunas.
Eran los años cuarenta. Asocio el placer con
el pan caliente y las aceitunas negras; es mi
Rosebud.
Pregunta.-
¿Ha visitado todos los templos
gastronómicos?
Vázquez
Montalbán.-
No, me falta Robuchon. La
primera vez que fui a Girardet estuve muy
condicionado por mi carencia de francos
suizos. Y es que cuando pedí el menú me
dijeron que no admitían tarjetas de crédito.
Tuve que pagar con los francos franceses que
llevaba y me tuve que zampar un menú
condicionado a esa moneda. La segunda visita
la hice más liberado.

Pregunta.-
¿Qué va a quedar de nuestra
maravillosa cocina mediterránea después de
Maastricht?
Vázquez
Montalbán.-
Empecemos por aclarar una
falsificación: dicen que la dieta mediterránea
se basa en el aceite de oliva y eso es
mentira. En buena parte de la cocina catalana
y valenciana se emplea la manteca de cerdo.
Reivindicar una cultura alternativa en torno
al aceite de oliva es puro voluntarismo.
Respecto a Maastricht, si es una imposición
de los eurócratas, no debemos preocuparnos
porque gracias a las tarjeta de crédito están
aprendiendo a comer. Bélgica, en contra de lo
que se piensa, tiene una gastronomía
excelente. Cuando fui al Parlamento Europeo a
presentar Autobiografía del General Franco
descubrí que Gutiérrez Díaz, eurodiputado
de IU, es un gran gourmet. Es posible,
entonces, que la izquierda se salve. Mis dudas
son sobre Anguita, porque temo que conserve
las restricciones de la autorepresión; aunque
sé que le gustan las habas con jamón y eso
está bien. Quisiera que la izquierda hiciera
una reflexión: como en España la gente ha
pasado tanta hambre, todas las fiestas
populares están ligadas a la idea del
banquete, que signifíca sacar el vientre de
penas un día al año. No hay pueblo que no
tenga un plato especial asociado a la fiesta.
Si la izquierda lo asume, ganará.
Creo que los liberales
llevan ventaja en ese terreno; los grandes
negocios se hacen en torno a una buena comida.
También los neoliberales tienen complejo de
culpa, aunque distinto del izquierdista, que
siempre piensa en los hambrientos de Calcuta.
El yuppy se llena de culpabilidad porque come
contra la eficacia y a favor del colesterol,
la glucemia y la grasa... y eso se convierte
en un tormento.

Pregunta.-
¿Qué piensa de los
vegetarianos?
Vázquez
Montalbán.-
Que son unos criminales porque
se ha descubierto que los vegetales son
sensibles y gritan cuando los cortan. Bobbio,
en Izquierda y derecha propone revisar nuestra
relación con los animales. Según me voy
haciendo mayor, me alcanza una piedad tremenda
por los cerdos, los cabritos y los corderos.
Me temo que estoy en crisis. Desearía que
cualquier industria inventara comidas químicas
para evitar la matanza de animales, salvando,
eso sí, el bacalao al pil pil. Me parece
injusto que el hombre haya ganado, sobre todo
cuando veo las intervenciones de los dos
Serra; prefiero el dóberman a Eduardo o Narcís.
Entrevista
Publicada en la Revista Tiempo
el 4 / 11 / 1996. Cedida por la autora ©Nativel
Preciado
para Literaturas.com 2003
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