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Literatura y Gastronomía |
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Reseña
LOS 1.000 VINOS DE ESPAÑA (SIN GASTAR MÁS DE 6 EUROS) Manuel Blanco
por ©Miguel Baquero El
acompañamiento indispensable de la buena mesa “Debido a su falta de discernimiento, el hombre bebe por igual vino blanco y vino tinto”, decía Chaucer en los Cuentos de Canterbury. El vino, a lo largo de la historia, y sobre todo a lo largo de la historia literaria, ha sido objeto de numerosas loas, cantos y poemas, desde Homero a Baudelaire, pasando por los poetas del medievo, frailes y seglares, y por un personaje como Sancho Panza quien, siendo gobernador, dictó pena de muerte contra todos aquellos bodegueros que “bautizasen” el vino, como entonces se decía a añadirle agua. El vino, en fin, ha sido en toda época alegría de la mesa, consuelo de las penas, reponedor de la fatiga, acicate del valor, estímulo de la palabra, nebulosa de la vista e inspirador del sueño. “In vino veritas”, decían los latinos, en el vino está la verdad; “al vino decimos vino porque del Cielo nos vino”, señalaron en épocas posteriores, más cristianas y piadosas. “España es país de vino y de vinos”, se dice en la introducción de “Los 1.000 vinos de España”, un libro de Manuel Blanco, publicado por Libro-Hobby. En “Los 1.000 vinos de España” se ofrece una completa y exhaustiva lista de todos aquellos vinos de nuestro país, el tercer productor del mundo tras Francia e Italia, que el comensal puede poner sobre su mesa a un precio no superior a seis euros. Vinos blancos, tintos y rosados, de las 56 denominaciones de origen que existen en España y algunos que, sin tener denominación, merecen, por su calidad, incluirse en un listado como éste. “Los 1.000 vinos de España” es un libro extraordinariamente práctico para que el lector pueda acompañar su comida con los mejores caldos sin tener que realizar un dispendio excesivo. Porque hoy en día, según se recoge en este libro de boca de un bodeguero de La Rioja, “quien hace mal vino es porque quiere. Todos los medios existentes en nuestro país: terreno, clima, variedades de uva, conocimientos enológicos, tecnología... permiten hacerlo bien por lo menos”. En ocasiones, es cierto, el resultado es óptimo, excelente; pero en todos los casos siempre resultará bueno y en el peor de ellos aceptable. “Clases de vino sólo hay dos: el bueno y el mejor”, dice un refrán. “De España, aunque no sea de Jerez, siendo vino bueno es”, dice otro. Además de este amplio listado de caldos, en “Los 1.000 vinos de España” se nos informa también sobre el proceso de elaboración y sobre las variedades, clasificación, y las diversas temperaturas que debe tener este licor tantas veces llamado divino. Asimismo, en el libro se nos ofrece un completo catálogo de las diversas botellas en que suele venir envasado, de las copas en las que se sirve, de los distintos tipos de corcho, de las virtudes medicinales del vino, aceptadas o fabuladas a lo largo de los tiempos. El libro incluye igualmente un diccionario de términos vinícolas y, lo que a nosotros más nos interesa, un capítulo sobre las referencias que al vino se han hecho en la literatura, y una lista de las diferentes coplillas y refranes que ha suscitado la cata, degustación y abuse de este líquido tan viejo como el hombre. Aunque, avisa el autor, siempre se tratará de una pequeña muestra, dada la ingente cantidad de páginas, coplas y decires que desde tiempos inmemoriales se han venido acumulando sobre la bondad de esta bebida, así como, porque no todo va a ser regocijo, advirtiendo de las nocivas consecuencias de excederse en su libación. En España existen, grosso modo, más de un millar de dichos sobre el vino, algunos de ellos auténticas joyas de ingenio y poética, otros algo atropellados, surgidos, es de notar, por la excitación del momento, otros abstemios y roncos que llaman a la moderación: “De las uvas sale el vino, y del vino los desatinos”. Refranes donde se reproduce la eterna, ancestral y encarnizada lucha entre los bebedores de vino y los mesurados. “Beber buen vino no es desatino; beber vinate, eso sí que es disparate”. Por no hablar de esos viejos enemigos, los bebedores de agua, los “aguafiestas”. “El vino con agua es salud de cuerpo y alma”, dice un refrán, “El vino poco, puro y a menudo”, le replica otro prontamente. Refranes hechos en la umbría silenciosa de una bodega y otros en el esplendor campestre de una romería. Refranes que quieren parecer científicos al hablar de las excelencias del licor, y otros que a duras penas si respetan la sintaxis. Refranes, en fin, coplas y poesías que han convertido al vino en un tema literario si no de primer orden sí de gran prosapia, alcurnia y tradición. No en vano es que a la buena estirpe se le dice “buena cepa”. Recordemos también que el bueno de Lazarillo halló “la cumbre de toda buena fortuna” pregonando los vinos de Vuestra Merced, que como muy bien el ciego le dijo, “si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú”, y cada vez que con vino le lavaba las heridas y descalabrazos no paraba de repetirle: “eres en más cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, mas el vino mil te ha dado la vida” ©Miguel Baquero 2003
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