Revista Literarias Independientes Españolas

SENTADOS VIÉNDOLAS VENIR

 

REVISTA LA PLUMA Y EL TIEMPO

 

-¿Cómo nació su publicación?

 “La Pluma y el Tiempo” nació como parte de un sueño compartido por los que entonces éramos dos estudiantes de letras de Málaga. Pretendíamos crear un lugar que pudiera servir como punto de encuentro para estudiosos de humanidades así como creadores. También estaba en nuestro empeño, tal como ahora, el impulsar la obra de jóvenes autores con dificultades para publicar, lo cual es algo bastante usual. En ese sentido, nuestro criterio a la hora de seleccionar las colaboraciones ha sido siempre bastante “ancho”. Es decir, no queríamos, y no lo hemos hecho nunca, solicitarle el currículum a todo aquel que se acercara a nuestra revista. La calidad de sus trabajos debía ser ya suficiente, lo cual no impide que aceptemos gustosos la participación de escritores o especialistas de dilatada trayectoria.

 

-¿No se advierte un exceso de publicaciones literarias?

 

A menudo comentamos quienes hacemos la publicación que la esfera de las revistas literarias forma una especie de universo paralelo, algo así como la zona underground de la cultura. Y decimos que parece un mundo aparte porque en realidad constituye una especie de club selecto, un entramado de cientos de publicaciones que sólo conocen aquellos que las consumen y que permanecen ajenas al lector medio. Eso sin contar que la mayoría perecen a los pocos números de haber salido. A veces tienes la sensación de que la unión de fuerzas procuraría un menor número de publicaciones pero garantizaría al mismo tiempo la robustez de muchas más durante más tiempo. Pero, claro, quién le dice al director de una revista que abandone sus propios criterios para sumarse a la labor de la del vecino por similar (lo que ocurre no pocas veces) que ésta sea. La verdad es que la oferta no se suele corresponder con la demanda, lo que implica una contradicción con el hecho de pensar que cuantas más revistas existan mejor será la salud de la cultura. No necesariamente, en esto como en todo, ha de primar el carácter cualitativo de las publicaciones sobre el meramente cuantitativo. En cualquier caso, no se nos ocurriría decirle a alguien que quiere fundar su propia revista que no lo haga. Todos tenemos derecho a ganarnos el “batacazo”. Quizá sí pediríamos una mayor colaboración entre quienes las hacemos, lo que se dice una articulación más adecuada sin tener la sensación de que nos estamos haciendo la competencia. La pregunta, en todo caso, no es ociosa y constituye de por sí todo un síntoma de que tal vez estemos a punto de entrar, si no lo hemos hecho ya, en un momento de saturación lingüística.

 

 

-¿Ve adecuada la política cultural existente?

 

La política cultural existente, por llamarlo de alguna manera, no es sino una parte más del engranaje actual del sistema, en el que la endogamia y la ineficiencia (habrá excepciones) de los “funcionarios” culturales no hacen sino imposibilitar el nacimiento de vías que se aparten de la línea “oficial” trazada. Política y cultura no parecen casar nada bien, nunca lo han hecho, y en nuestros días la cuestión no es diferente. El dejar la administración cultural en manos de intereses dirigidos ideológicamente lo único que garantiza es la exclusión. Por otra parte, y sin entrar en el problema de la burocratización, que propicia el que los proyectos se suban a una cadena en donde no se divisa nunca el último eslabón, se echa en falta la participación “directa” de los propios artistas en la planificación cultural y cuando lo hacen es porque suelen ser siervos del concejal, diputado, o secretario de turno. Algunos a esto lo llaman “democracia”.

 

-¿Qué opinión le merece los Planes de animación a la lectura?

 

No es precisamente una cuestión que hayamos analizado en profundidad. Aún así, parece bastante evidente pensar que todo esfuerzo dirigido a incentivar la afición por la lectura entre los más jóvenes es tan necesario como cualquier otro servicio de los considerados como “de primera necesidad”. En cualquier caso, según datos estadísticos recientes, más que un éxito en este sentido lo que se está cosechando es un auténtico descalabro. Aunque, no cabe achacar toda la responsabilidad a los mencionados “Planes” sino a cuestiones que exceden su ámbito y que afectan a toda la sociedad. Otro punto a considerar sería no ya simplemente el de hacer hincapié en que leer es bueno, sino en qué cosas hay que leer a cada edad para que los efectos que se derivan de dicha lectura sean positivos y contribuyan a la formación de quienes deciden o son obligados a acercarse a un libro. La perversa leyenda “la letra con sangre entra”, debe ser recordada constantemente para no incurrir, por exceso o por defecto, en los mismos errores del pasado.    

 

-¿Y la política de subvenciones tanto a las publicaciones como a los escritores?  

 

Pero, ¿existen? Bueno, en realidad, parece que sí, sólo que son de tal precariedad y suelen estar en la mayoría de los casos tan “dadas” que  resulta muy difícil bien poder acceder a ellas o en su caso tener la posibilidad de subsistir de las mismas. En nuestro caso concreto, situación que compartimos con otros muchos y muchas de los que se dedican a estos menesteres, sólo hemos encontrado (insistimos con las excepciones) puertas cerradas cuando no directamente portazos en las narices. Si para realizar una labor no lucrativa has de crear una empresa es que algo no marcha muy bien. Además, a menudo ocurre que pedir una subvención se convierte en una labor tanto o más sacrificada que la propia de elaborar la revista como tal. Todo un derroche de energía a través del cual no es difícil llegar a preguntarse: ¿Pero, qué estoy haciendo? ¡Con tanto papeleo no tengo tiempo ni para leer un libro! A pesar de todo, y si nos miramos en algunos espejos, podemos decir que somos todos unos privilegiados. Es decir, nos dieron la oportunidad de empezar. Es algo.

 

-¿Es posible aún hoy en día hablar de publicaciones independientes?

 

Sí: si tienes mucho dinero y por tanto te autofinancias, o si tienes la fortuna de que el patrocinador, promotor o mecenas de turno sea una buena persona, de ésas que depositan su confianza en ti en razón de la labor desarrollada sin pedirte el carné de partido o las pruebas del número antes de mandarlas a imprenta.

No: en el resto de los casos.

  plumaytiempo@teleline.es 

 

Volver al Sumario