ESPECIAL

Infantil y Juvenil

 

Entrevista

Liliana Bodoc

por

©Ángela Pradelli

 

La vigencia de la épica en la literatura actual 

Su primera novela, Los días del Venado publicada en el 2000 por el Grupo Editorial Norma , obtuvo ese mismo año el Premio Feria del Libro de Buenos Aires, Premio Fantasía, Lista de Honor del Premio Andersen y, recientemente, una Mención especial de The White Ravens. Este año Liliana Bodoc acaba de publicar su segunda novela, Los días de la Sombra. De esta manera la autora se confirma como una de las voces más interesantes de la literatura latinoamericana. La profundidad de sus historias se sostiene en una trama cuya prosa conmueve por la intensidad de su belleza.

1- ¿Por qué escribir novelas de épica fantástica en el siglo XXI? Uno más bien tiende a pensar que el género estaba agotado o no iba a ser bien recibido. ¿Cómo se te ocurrió?


Creo que ningún género se agota definitivamente. A  veces se olvidan, y hasta son menospreciados; pero siempre vuelven. Vuelven renovados en las temáticas y en el lenguaje porque surgen en realidades nuevas. Sin
embargo, no parece posible que lo épico y lo fantástico se aparte definitivamente de la literatura ni tampoco de la vida humana. En lo personal, elegí el género que me resulta más entrañable y más afín. Los
relatos épicos son unos de mis favoritos a la hora de leer igual que a la hora de escribir.


2- Me parece muy interesante que en tus novelas los héroes muestren también un costado “flaco”. Me pregunto si al humanizarlos, no corriste también el riesgo de empequeñecer la figura del héroe.

 

La pregunta me trajo a la memoria un poema de Borges en el que habla de la crucifixión de Cristo. El poema habla del miedo de Jesús, habla de sus dudas. Y por eso mismo engrandece su sacrificio. Digo esto porque pienso que ir adelante a pesar de las dudas, el temor y las propias mezquindades es cosa de los más grandes héroes.



3- Tus libros no pueden ocultar una decisión clara de cortar con lo que podríamos llamar literatura occidental. Tus novelas bebieron de fuentes latinoamericanas no sólo por sus mitos y leyendas sino también por su modo de decir. En sus páginas hay un eco de la música del Popol Vuh, y de los poetas precolombinos. ¿Cuáles son la ventajas de esa melodía que suena en tus relatos?

 

En efecto, el pensamiento y la literatura de las civilizaciones precolombinas están presentes en las novelas tanto en lo formal como en lo conceptual y argumental. Intenté que la forma de narrar, el estilo
en el habla de los personajes y el ritmo de la prosa fueran coherentes con lo que se está contando. Tal vez la ventaja sea justamente la coherencia. Malo hubiese sido crear una ficción referenciada en América con
prosa de corte occidental.



4- Tus novelas no sólo son bellísimas rarezas literarias, también son rarezas de mercado, sé que rechazaron la novela en una editorial porque aseguraron que nadie iba a leerlas. Sin embargo, contra todo pronóstico creo que las dos se venden muy bien. ¿Cómo se explica el éxito de tus libros?

 

Tal vez se trate de que el modelo de pensamiento cientificista y eurocéntrico esté agotado para algunas personas. La magia, si está pensada con seriedad y honradez, y enraizada en la impresionante tradición del chamanismo americano, pueda proponer nuevas formas
de comprensión que nada tienen que ver con el escapismo. Por otro lado, los relatos de grandes guerras, amores, odios y traiciones en medio de la
lucha por la libertad tiene bastante que ver con lo que nos está pasando ahora mismo como continente.



5- ¿Cuál es el perfil de tus lectores?

Muchas alegrías me han dado las novelas. Pero ninguna comparable a la diversidad del perfil de sus lectores. Pibes de colegios carenciados que pudieron reconocerse en los protagonistas de las novelas,
profesores universitarios que la están dando como texto, adultos y jóvenes, amantes de los relatos épicos y personas que tenían serios prejuicios contra el género. Realmente esto es mi mejor alegría.



6- Hay una afirmación en el sentido de que los chicos y los adolescentes leen cada vez menos, ¿estás de acuerdo con eso?

No estoy de acuerdo con eso como un axioma. Creo recordar que desde siempre se ha dicho eso. Y si acaso en este país los niños (y los adultos) leen menos es porque también sonríen menos, confían menos, sueñan
menos y comen menos.



7- ¿Cuáles son tus lecturas preferidas?

Soy muy desordenada para leer. Mucha, pero mucha poesía. Siempre los clásicos. Y desde Cervantes a García Marquéz, desde Dostoievsky hasta Marechal prefiero las novelas con rasgos épicos a las novelas que tratan sobre problemáticas íntimas o privadas. Del mismo modo que prefiero a los escritores que hablan de la realidad sin hacer "realismo".

 ©Ángela Pradelli 2002

El tiempo no tiene una sino sus muchas ruedas. Una rueda para las criaturas de corazón lento, y otra para las de corazón apresurado. Ruedas para las criaturas que envejecen lentamente, ruedas para las que se hacen viejas con el día.

Digo esto porque habrá quienes quieran saber cuánto tiempo transcurrió desde que los husihuilkes regresaron a Los Confines, después de la guerra contra los sideresios, hasta el día en que Kuy-Kuyen se irritó por la torpeza con que Wilkilén desgranaba el maíz.

Si me preguntan esto deberé responder que los hombres contaron cinco cosechas, el tiempo de ver crecer a un niño. Pero deberé agregar que las luciérnagas contaron cientos y cientos de generaciones muertas, un tiempo perdido en sus memorias. Y que para la montaña trascurrió apenas un instante.

Dice el que cuenta que Misáianes, hijo de la Muerte, dispone de más tiempo que una montaña.

Digo lo que es verdad. La rueda de Misáianes gira muy lentamente, como pausado late su corazón.

Sucedió que después de zarpar la flota que partía a conquistar las Tierras Fértiles, Misáianes quiso dormitar un momento. Bostezó un gran viento a favor de las velas de sus naves, y se acomodó en el hueco de su monte.

Pero Misáianes apenas había alcanzado el sueño cuneado el dormir se le pobló de presagios, de náuseas y de advertencias que lo obligaron a abrir los ojos. Frente a él había una comitiva de parientes asustados, que retrocedieron al verlo despertar. Ninguno de ellos quería ser el pregonero del fracaso. Ninguno quería anunciarle la derrota.

 Volver al Sumario