ESPECIAL
Infantil y Juvenil
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Entrevista Liliana Bodoc
©Ángela Pradelli
La vigencia de la épica en la literatura actualSu primera novela, Los días del Venado publicada en el 2000 por el Grupo Editorial Norma , obtuvo ese mismo año el Premio Feria del Libro de Buenos Aires, Premio Fantasía, Lista de Honor del Premio Andersen y, recientemente, una Mención especial de The White Ravens. Este año Liliana Bodoc acaba de publicar su segunda novela, Los días de la Sombra. De esta manera la autora se confirma como una de las voces más interesantes de la literatura latinoamericana. La profundidad de sus historias se sostiene en una trama cuya prosa conmueve por la intensidad de su belleza. 1- ¿Por qué escribir novelas de épica fantástica en el siglo XXI? Uno más bien tiende a pensar que el género estaba agotado o no iba a ser bien recibido. ¿Cómo se te ocurrió?
La pregunta me trajo a la memoria un poema de Borges en el que habla de la crucifixión de Cristo. El poema habla del miedo de Jesús, habla de sus dudas. Y por eso mismo engrandece su sacrificio. Digo esto porque pienso que ir adelante a pesar de las dudas, el temor y las propias mezquindades es cosa de los más grandes héroes.
En
efecto, el pensamiento y la literatura de las
civilizaciones precolombinas están presentes
en las novelas tanto en lo formal como en lo
conceptual y argumental. Intenté que la forma
de narrar, el estilo
Tal
vez se trate de que el modelo de pensamiento
cientificista y eurocéntrico esté agotado
para algunas personas. La magia, si está
pensada con seriedad y honradez, y enraizada en
la impresionante tradición del chamanismo
americano, pueda proponer nuevas formas
Muchas
alegrías me han dado las novelas. Pero ninguna
comparable a la diversidad del perfil de sus
lectores. Pibes de colegios carenciados que
pudieron reconocerse en los protagonistas de
las novelas,
No
estoy de acuerdo con eso como un axioma. Creo
recordar que desde siempre se ha dicho eso. Y
si acaso en este país los niños (y los
adultos) leen menos es porque también sonríen
menos, confían menos, sueñan
Soy muy desordenada para leer. Mucha, pero mucha poesía. Siempre los clásicos. Y desde Cervantes a García Marquéz, desde Dostoievsky hasta Marechal prefiero las novelas con rasgos épicos a las novelas que tratan sobre problemáticas íntimas o privadas. Del mismo modo que prefiero a los escritores que hablan de la realidad sin hacer "realismo". ©Ángela
Pradelli 2002
Digo esto porque habrá quienes quieran saber cuánto tiempo transcurrió desde que los husihuilkes regresaron a Los Confines, después de la guerra contra los sideresios, hasta el día en que Kuy-Kuyen se irritó por la torpeza con que Wilkilén desgranaba el maíz. Si me preguntan esto deberé responder que los hombres contaron cinco cosechas, el tiempo de ver crecer a un niño. Pero deberé agregar que las luciérnagas contaron cientos y cientos de generaciones muertas, un tiempo perdido en sus memorias. Y que para la montaña trascurrió apenas un instante. Dice el que cuenta que Misáianes, hijo de la Muerte, dispone de más tiempo que una montaña. Digo lo que es verdad. La rueda de Misáianes gira muy lentamente, como pausado late su corazón. Sucedió que después de zarpar la flota que partía a conquistar las Tierras Fértiles, Misáianes quiso dormitar un momento. Bostezó un gran viento a favor de las velas de sus naves, y se acomodó en el hueco de su monte. Pero
Misáianes apenas había alcanzado el sueño
cuneado el dormir se le pobló de presagios,
de náuseas y de advertencias que lo obligaron
a abrir los ojos. Frente a él había una
comitiva de parientes asustados, que
retrocedieron al verlo despertar. Ninguno de
ellos quería ser el pregonero del fracaso.
Ninguno quería anunciarle la derrota.
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