ESPECIAL

Infantil y Juvenil

 

©María Dolores González Martínez - © María Teresa Veiga Díaz 

Asociación Nacional de Investigación de Literatura Infantil y Juvenil (ANILIJ)

 Universidad de Vigo. España

 

Mª Dolores González Martínez, licenciada en Filología Inglesa por la

Universidad de Vigo y miembro de la Asociación Nacional de Investigación en

Literatura Infantil (ANILIJ), es coautora de J.K. Rowling y Harry Potter: el

éxito de la magia o la magia del éxito. Su investigación se centra en la

literatura infantil inglesa y en la actualidad se halla realizando su tesis

doctoral sobre la novela escolar femenina inglesa.


Mª Teresa Veiga Díaz, licenciada en Traducción e Interpretación por la

Universidad de Vigo y colaboradora de la Asociación Nacional de

Investigación en Literatura Infantil (ANILIJ), es autora de varias

publicaciones sobre fraseología y refranero. Actualmente realiza su tesis

doctoral sobre la influencia de la traducción y el contacto lingüístico en

la organización del campo conceptual del color.

 

"Harry Potter y las evocaciones perdidas" 

             La serie literaria de Harry Potter se ha convertido en un éxito editorial sin precedentes a nivel mundial a pesar de que los hábitos culturales presentes en la obra y las referencias a la vida cotidiana son profundamente británicos. Es evidente que a este hecho ha contribuido la gran campaña de mercadotecnia que acompañó a la publicación de cada libro, que incluía eventos lúdicos, fiestas y concursos, anuncios en los medios de comunicación y otros recursos paralelos al lanzamiento de las novelas en muchos de los lugares de distribución. Sin embargo, no ponemos en duda la gran calidad literaria de estas obras: una trama absorbente e impredecible en la que cada dato aparentemente trivial resulta clave en el desenlace final y un protagonista que suscita la identificación del lector por sus rasgos de adolescente normal y que, al mismo tiempo, fascina por sus poderes sobrenaturales son algunas de las características que les confieren valor.

En esta narrativa se combinan muchos elementos del gusto del público infantil y juvenil, entre los que destacan el misterio, el humor, el terror, el ambiente escolar y la fantasía. Si a éstos unimos otros rasgos heredados de la tradición literaria inglesa como un protagonista huérfano inmerso en un proceso de maduración que le obliga a superarse, la presencia de seres mitólogicos y elementos sobrenaturales, así como de acertijos y misterios, la pugna entre el Bien y el Mal y especialmente la existencia de dos mundos paralelos, podemos comprender el porqué del fenómeno Harry Potter.

Y en medio del fenómeno se encuentra su autora: Joanne Kathleen Rowling. A diferencia de sus antecesores en el ámbito de la literatura infantil y juvenil: Enyd Blyton, Jerry West, Richmal Crompton, Pamela Travers, James M. Barrie, autores de indudables éxitos internacionales como Los Cinco, Los Hollister, Guillermo, Mary Poppins y Peter Pan, J.K. Rowling ha conseguido acaparar tanta atención como su obra. Portadas de revistas y entrevistas en programas de televisión han conseguido que su biografía sea conocida tanto por sus lectores como por los compradores de sus libros a pesar de tratarse de una escritora novel.

El estilo literario de Rowling se caracteriza por los juegos de palabras, los vocablos sonoros, los enigmas ingeniosos y los nombres con fuerte carga semántica; recursos que aportan una riqueza extraordinaria al relato y revelan la imaginación y deseo de innovación de la autora. Esta narrativa resulta muy estimulante para el lector, que se divierte con las caracterizaciones que la autora realiza a través de los apelativos asignados a cada personaje y disfruta desentrañando significados ocultos y apreciando las conexiones presentes en el texto.  Es evidente que este estilo demanda un mayor esfuerzo por parte de las personas encargadas de verter la obra a los diferentes idiomas, de modo que el lector del texto meta (TM) pueda disfrutar de cada detalle en la misma medida que el lector del texto original (TO).

Como lectoras nos ha llamado poderosamente la atención la inferioridad de condiciones en las que se encuentra el lector de la traducción al español y por ello nos hemos acercado a la obra como críticas en un intento de resaltar algunos aspectos del texto en los que se aprecia una merma de comprensibilidad, coherencia y eficacia del mensaje en lengua término debido a que no se reproduce la misma información que ofrece el texto origen. Analizaremos, pues, casos en los que asistimos a una mera repetición cuando lo necesario sería recurrir a la traducción para que el lector del TM recibiese la misma carga informativa que el lector del TO. Somos conscientes de que la brevedad de esta contribución no permite un estudio exhaustivo, simplemente pretende servir como invitación a la reflexión sobre la imposibilidad del lector de las aventuras de Harry Potter en español de acceder al significado completo de las obras originales a través de su traducción.

Nos centramos en la traducción de algunos nombres propios, ámbito tradicionalmente controvertido y que ha tenido soluciones diferentes dependiendo de la época. Durante la primera mitad del siglo XX y aún en los años sesenta la tendencia habitual era la adaptación total, mientras que a partir de ese momento se recurre mayoritariamente a la conservación de las formas originales. Ésta es la postura que han adoptado los traductores de la serie que nos ocupa al mantener los nombres de persona con la forma idéntica de la versión original. Sin embargo, dentro del conjunto de antropónimos del texto origen existen diferentes tratamientos que deberían ser reflejados en la traducción. Nos referimos a los diferentes grados de carga semántica que se les confiere. Así, si bien nombres como Harry Potter y Natalie McDonald carecen de un significado relevante para la lectura y comprensión de la obra, ya que se trata simplemente de nombres de pila y apellidos comunes en un contexto eminentemente británico, otros como Madame Poppy Pomfrey  y Professor Sprout aportan una información extra que enriquece la lectura y facilita la participación, al adelantar datos sobre el carácter o actividad profesional del personaje. Por este motivo, consideramos que en el caso del primer grupo la decisión tomada ha sido la adecuada, mientras que para el segundo debería haberse optado por hallar una correspondencia en español que transmitiese, por ejemplo, que la profesora Sprout, que imparte clase de Herbología, se apellida ‘Coles de Bruselas’ o que la enfermera Poppy Pomfrey se llama Amapola, planta opiácea usada para aliviar el dolor.

Lo mismo ocurre con el tratamiento otorgado a los nombres de los animales de compañía de los personajes. Algunos tienen nombres de persona y otros son calificados con un apelativo que hace referencia a su cualidad más característica. Pertenecientes al primer grupo son: la lechuza de Harry Potter, Hedwig; la lechuza de la familia Weasley, Errol; el sapo de Neville Longbottom, Trevor y el dragón de Rubeus Hagrid, Norberto. En este conjunto apreciamos una falta de coherencia debido a que, si bien todos los nombres conservan su forma original, el nombre del dragón, bautizado por Rowling como Norbert, adopta en el TM su forma española, siendo éste el único caso en que se produce una adaptación ortográfica en este apartado. Sin embargo, a lo largo de las cuatro obras hemos apreciado la falta de un criterio homogéneo a la hora de determinar la conveniencia de la conservación o traducción de distintas secuencias de la misma naturaleza, originando así una ruptura de la coherencia, elemento clave en el proceso de traducción.

Por lo que respecta al segundo grupo, integrado por la rata Scabbers, el gato Crookshanks y el perro Ripper, entre otros, todos los apelativos se mantienen en la traducción, cuando lo más apropiado sería ofrecer un término español que permitiese al lector descubrir sus significados. Seguramente la lectura sería más enriquecedora si la rata se llamase Roñosa, el gato Patizambo y el perro Destripador o de cualquier otro modo que hiciese referencia a su repulsividad, deformación física y agresividad.

Es evidente que la toma de decisiones por parte del traductor y su puesta en práctica necesita un tiempo del que en numerosas ocasiones no se dispone. La necesidad de la editorial de sacar a la luz con cierta premura una obra de plena actualidad influye de manera determinante en el proceso de traducción ya que, entre otras cosas, impide llevar a cabo la documentación necesaria para traducir no sólo aquellas secuencias que se reconocen a primera vista, sino también otras que pueden encerrar matices ocultos. Matices que, en el caso de Harry Potter, permanecerán eternamente ocultos para un lector desconocedor de la lengua inglesa, al que se le priva de la oportunidad de disfrutar de todos y cada uno de los ingeniosos giros lingüísticos que caracterizan la serie literaria infantil de más éxito de las últimas décadas.

 

©María Dolores González Martínez - ©María Teresa Veiga Díaz. 2002

 

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